Día 11 · domingo, 11 de enero
"Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido."GÉNESIS 32:28
Los mensajes de voz oficiales se están preparando. Las grabaciones de prueba se han eliminado para que solo se publique el audio aprobado de la Escritura.
Hola, mi querido… qué bueno tenerte aquí hoy. Es By God's Call — día 11, El Nombre Nuevo.
"Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido." Génesis 32:28.
Imagina la escena. Es de noche. Jacob está solo, al otro lado del río, lejos de todo lo que le daba seguridad. Al día siguiente se va a encontrar con Esaú — el hermano que juró matarlo décadas atrás. Y esa noche, en la oscuridad, aparece un varón y empieza a luchar con él. Luchan toda la noche. Nadie gana. Y cuando raya el alba, ese varón toca la cadera de Jacob y lo deja cojo para el resto de su vida.
Pero Jacob no suelta. Aun herido, aun cansado, se aferra al varón y dice: no te dejaré, si no me bendices.
Fíjate bien en esto, porque es fácil leer esta historia rápido y perder lo que realmente está diciendo. Jacob no fue reprendido por luchar toda la noche con Dios. No escuchó "deja de dudar", no escuchó "ten más fe y ya". Fue honrado — honrado — por no soltarse. La lucha en sí no era el problema. El problema hubiera sido soltarse antes de la bendición.
Y luego viene el nombre nuevo. "No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel." Jacob, el nombre viejo, significa "el que agarra por el talón", el que engaña, el que siempre sacaba ventaja con astucia. Pero Israel significa el que lucha con Dios. Y mira qué interesante: el nombre nuevo no borra la historia de Jacob. No se convierte en un nombre genérico de victoria fácil. Carga la lucha dentro de sí mismo. Cada israelita, para siempre, lleva en su propio nombre la memoria de una noche en que alguien se negó a soltar a Dios.
Eso cambia la forma en que entendemos nuestras propias luchas, mi querido. Tal vez estés en una noche así ahora mismo. Una lucha que no termina, una pregunta sin respuesta fácil, un miedo del día siguiente que parece del tamaño de Esaú viniendo con cuatrocientos hombres. Y tal vez pensaste que la fe madura es la que nunca lucha, la que nunca cuestiona, la que nunca se aferra a Dios pidiendo respuesta. Pero esta historia dice otra cosa. Dice que se puede luchar toda la noche y aun así salir bendecido. Dice que se puede cojear y vencer al mismo tiempo.
Jacob salió de esa noche diferente — herido, es verdad, pero con un nombre nuevo, una identidad nueva, una bendición que no habría tenido si se hubiera soltado a mitad de la lucha.
Entonces aquí está la invitación de hoy: ¿cuál es tu lucha que has enfrentado a solas, en la oscuridad, sin contarle a nadie? Nómbrala delante de Dios. En voz alta. No pidas que la lucha desaparezca — pide su bendición sobre ella, tal como Jacob la pidió. Y no te sueltes antes de que él responda.
Quédate con Dios hoy, aunque estés cojeando. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.