Día 356 · martes, 22 de diciembre
"Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida."JUAN 8:12
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 356, La Luz de la Vida.
Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Juan 8:12.
Detente un momento en esas palabras. Porque Jesús no dijo "traeré la luz." No dijo "te enseñaré dónde encontrarla." Dijo: Yo soy la luz. La fuente y el resplandor son la misma persona. Cuando te acercas a Jesús, no te estás acercando a una idea, a una religión, a un sistema de reglas — te estás acercando a Aquel de quien emana la luz misma. Eso lo cambia todo.
Y fíjate bien: dijo "del mundo." No de los religiosos. No de los que se sienten suficientemente buenos. Del mundo. Eso significa que la luz de Cristo alcanza cada rincón oscuro de la experiencia humana — el rincón de la vergüenza, el rincón de la duda, el rincón de ese dolor que todavía no le has contado a nadie. No hay sombra demasiado grande para esta luz.
Pero la promesa viene atada a un movimiento. El que me sigue. Y seguir a Jesús no es un instante que ocurrió hace años en una oración — es una dirección. Es despertar hoy y decir: hoy, voy detrás de Él. Es una orientación diaria, un paso detrás del otro, que nos mantiene en el camino iluminado.
¿Y qué promete Él a quien lo sigue? No andará en tinieblas. Ahora bien — no confundas tinieblas con dificultad. Jesús no prometió una vida sin tormentas, sin inviernos, sin dolor. Lo que prometió es que nunca estarás sin rumbo. Que aun en el momento más oscuro de tu alma, tendrás una dirección. Sabrás hacia dónde ir. Porque Él va delante de ti.
Y hay algo más — la luz de Jesús no es solo una linterna para ver el camino. Ella misma es vida. Como el sol que hace germinar la semilla bajo la tierra, donde nadie ve, la presencia de Cristo produce crecimiento en ti — aunque no lo puedas medir, aunque no lo sientas todavía. Donde antes solo había sombra, Él hace brotar vida. Ese es el milagro silencioso de seguir la luz.
Entonces hoy, mi querido, esto es lo que te pido. Antes del desayuno — antes de abrir el teléfono, antes de entrar en el ruido del día — siéntate dos minutos en silencio. Y dile a Jesús, en voz baja, desde adentro del corazón: "Yo te sigo hoy." No hace falta un discurso. Solo eso. Y luego piensa en una decisión que tendrás que tomar hoy — puede ser grande, puede ser pequeña — e intencionalmente invítalo a Él a esa decisión antes de tomarla solo. No cargues eso sin Él. Llévalo a la Luz.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.