Día 356 · martes, 22 de diciembre
"Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados."1 PEDRO 4:8
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 356, Sobre Todas las Cosas.
"Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados." 1 Pedro 4:8.
Fíjate en la primera palabra: ante todo. Pedro está cerrando una sección llena de instrucciones urgentes — sobriedad, oración, hospitalidad — y antes de continuar, se detiene y dice: de todo esto, esto va primero. No es un elemento en la lista. Es lo que organiza toda la lista. Si quitas el amor del centro, todo lo demás se convierte en religión vacía.
Y mira la palabra que elige para describir ese amor: ferviente. En el original, esa palabra pinta la imagen de un músculo estirado al límite, un atleta esforzándose con todo lo que tiene. No es un amor tibio, de conveniencia, que solo aparece cuando es fácil. Es un amor que exige esfuerzo continuo — todos los días, incluso cuando cansa, incluso cuando la persona no lo merece.
¿Y por qué vale tanto la pena ese esfuerzo? Porque el amor cubre multitud de pecados. Fíjate en la palabra: multitud. No es un pequeño error fácil de olvidar. Es mucho. Es repetido. Es aquello que, humanamente, tendrías todo el derecho de guardar rencor. Pero el amor, cuando es real, elige cubrir en vez de exponer. Elige perdonar en vez de acumular ofensa sobre ofensa en una lista mental que sacas cada vez que la persona vuelve a fallar.
Y esto no es invención de Pedro. Está haciendo eco casi palabra por palabra de lo que Proverbios ya decía siglos antes: el odio despierta rencillas, mas el amor cubre todas las faltas. Esa verdad atraviesa el Antiguo y el Nuevo Testamento porque proviene del carácter mismo de Dios. Así actuó Él contigo — cubriendo, no exponiendo. Perdonando, no guardando lista.
Ahora, déjame ser claro en algo: cubrir el pecado no es fingir que no sucedió. No es minimizar lo que dolió. Es elegir no exponerlo, no usarlo como arma en la próxima discusión, no dejar que se pudra dentro de ti hasta volverse amargura. Es un acto activo de amor — costoso, pero liberador, primero para quien perdona.
Quiero preguntarte, con cariño: ¿existe alguna ofensa que estás guardando ahora mismo? Quizás sea pequeña — una palabra dura, un olvido, una falta de atención. Quizás sea grande — una traición, un dolor antiguo que todavía duele cuando lo recuerdas. Pedro no está diciendo que es fácil. Está diciendo que es posible, porque el amor de Dios en ti es más grande que la ofensa que recibiste.
Entonces hoy, quiero invitarte a hacerlo de verdad: piensa en una ofensa específica, por pequeña que sea, que guardas contra alguien. Y hoy, elige dejarla ir. Sin cobrarla. Sin volver a mencionarla. Solo cubriéndola con amor, como el amor de Dios te cubrió a ti.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.