Día 317 · viernes, 13 de noviembre
"Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo."HECHOS 2:38
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 317, Arrepiéntete y Vive.
"Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo." Hechos 2:38.
Estas palabras salen de la boca de Pedro en uno de los días más extraños y más gloriosos de la historia de la iglesia. Es el día de Pentecostés. Un viento fuerte llenó la casa. Lenguas como de fuego se posaron sobre los discípulos. Y de repente, gente de todas las naciones comenzó a escuchar el evangelio, cada uno en su propio idioma. La multitud estaba confundida, asombrada, sin entender lo que pasaba.
Y es justo en medio de esa confusión que Pedro se levanta y predica. No suaviza el mensaje. Habla de Jesús, el mismo que fue crucificado, y dice con claridad: Dios lo resucitó, y él es Señor y Cristo. Y la respuesta de la multitud es impresionante: quedan compungidos en el corazón. La palabra en el original lleva la idea de ser atravesado, traspasado. No fue un sermón tibio. Fue una verdad que entró hondo.
Y preguntan: "¿qué haremos?" Es la pregunta más honesta que un corazón quebrantado puede hacer. Y Pedro no responde con culpa ni con vergüenza. Responde con un camino: "arrepentíos."
Pero fíjate — arrepentirse no es solo sentirse mal. No es solo llorar un momento y seguir igual. Arrepentirse, en el idioma original, lleva la idea de girar. De cambiar de dirección. De dar la espalda a un camino y volver el rostro hacia otro. Es un movimiento real, concreto, visible — no solo una emoción pasajera.
Y Pedro continúa: "bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados." El bautismo no era solo un ritual privado — era una declaración pública. Era decir, delante de todos: mi vida antigua terminó, y una vida nueva comenzó en Cristo. El perdón de Dios no se queda escondido dentro de ti; se desborda, se muestra, se celebra.
Y entonces viene la promesa final, la más sorprendente de todas: "y recibiréis el don del Espíritu Santo." Dios no solo borra tu pasado — viene a morar dentro de ti. El mismo Espíritu que llenó aquella casa en Pentecostés viene a habitar en cada uno que se vuelve a Cristo. No te quedas solo después del arrepentimiento. Recibes compañía — la propia presencia de Dios.
Mi querido, quizás ya has escuchado esta historia de Pentecostés muchas veces. Pero hoy quiero preguntarte: ¿existe alguna área de tu vida en la que sientes remordimiento, pero todavía no has girado de verdad? Sentir lástima no es lo mismo que arrepentirse. Dios te está llamando no a una tristeza vaga, sino a un giro real, concreto, valiente.
Entonces hoy, escribe el nombre de esa área. Solo una, con honestidad. Y ora pidiéndole a Dios no solo perdón, sino valentía para girar de verdad — dando la espalda a lo que te destruye, y el rostro hacia Aquel que te llama.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.