Día 282 · viernes, 9 de octubre
"porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día."2 TIMOTEO 1:12
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 282, Sé en Quién He Creído.
Escucha estas palabras. Deja que lleguen despacio:
"Porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día." Segunda a Timoteo, capítulo uno, versículo doce.
Pablo escribe esto desde una celda. No desde un auditorio, no desde un lugar cómodo. Desde una prisión, con cadenas en las muñecas, abandonado por muchos que él llamaba hermanos. Y aun así — escucha bien — aun así escribe: no me avergüenzo.
¿Cómo puede un hombre en esa situación escribir sin vergüenza? Porque la vergüenza solamente tiene poder cuando tu identidad cuelga de tus circunstancias. Cuando tu vida está fundada en Cristo — y no en lo que la gente opina, no en lo que perdiste, no en lo que todavía no salió como esperabas — la vergüenza pierde su piso. Se cae sola.
Y entonces Pablo dice algo que quiero que lleves contigo todo el día. No dice "sé lo que creo." Dice "sé en quién he creído." ¿Notas la diferencia? La fe cristiana no es una lista de doctrinas que memorizar. Es una relación con una Persona. El Cristo vivo — que murió de verdad, resucitó de verdad — y que hoy mismo está presente contigo, ahora, en lo que estás viviendo.
Esa convicción de Pablo no nace de fuerza de voluntad ni de optimismo. Nace de haber conocido a Dios en el camino a Damasco y de haber comprobado, año tras año — a través de naufragios, persecuciones y cárceles — que el carácter de Dios no cambia. El que llamó a Pablo es el mismo que te llama a ti hoy. Y es poderoso para guardar todo lo que le has entregado.
Esa palabra "guardar" en el griego original evoca la imagen de un depósito precioso puesto en manos seguras. Piénsalo así. Tu salvación, tu futuro, tus sueños, tus heridas más hondas — no dependen de la firmeza de tus manos. Dependen de las manos del que nunca suelta lo que sostiene. Nunca.
Y hay algo más. Pablo habla de "aquel día." Hay un día por delante — el día de la venida de Cristo — que le da peso y sentido a todos los demás días. Cuando el camino se siente interminable, cuando estás agotado, cuando no logras ver hacia dónde va todo esto — la certeza de ese día te recuerda: no estás perdido en un laberinto. Estás dentro de una historia. Y esa historia termina en gloria.
Entonces hoy — antes del desayuno, antes de abrir el teléfono, antes de que el día te arrastre — haz esto: toma un papel y escribe una cosa. Una preocupación. Un sueño que no sabes cómo se va a cumplir. Un miedo que sigue volviendo. Escríbelo. Y luego dilo en voz alta — deja que tu voz salga, aunque tiemble — di así: "Yo sé en quién he creído. Guarda esto en Tus manos hasta aquel día." Es un acto de fe. Sencillo, real, poderoso.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.