Día 261 · viernes, 18 de septiembre
"A ruina, a ruina, a ruina lo reduciré, y esto no será más, hasta que venga aquel cuyo es el derecho, y yo se lo entregaré."EZEQUIEL 21:27
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 261, Hasta Que Venga.
Ezequiel 21, versículo 27:
"A ruina, a ruina, a ruina lo reduciré, y esto no será más, hasta que venga aquel cuyo es el derecho, y yo se lo entregaré."
Este versículo cae como un martillo. Tres veces seguidas: ruina, ruina, ruina. Dios está hablando del trono de Judá, de una corona que se corrompió, de un gobierno que se alejó de todo lo justo. Y dice: esto se va a derrumbar. No va a quedar en pie.
Pero fíjate — Dios no termina en el colapso. Marca un límite: "hasta que venga aquel cuyo es el derecho." El caos no es la última palabra. Hay un plazo. Hay un Rey que todavía va a llegar, y a quien pertenece, de hecho, el derecho de juzgar y de reinar.
Ese "aquel cuyo es el derecho" no surge de la nada. Resuena con una promesa mucho más antigua, allá en Génesis 49, cuando Jacob bendice a Judá y habla de un cetro que no se apartaría de él hasta que venga aquel a quien pertenece la obediencia de los pueblos. Ezequiel toma esa promesa antigua y dice: sigue en pie. Aun con el trono cayendo, la promesa mesiánica sigue viva.
Y eso cambia cómo leo las noticias, cómo leo la historia, cómo leo mi propia vida a veces. Hay estructuras que parecen sólidas, hay gente con poder que parece inquebrantable, hay injusticia que parece que va a durar para siempre — y Dios dice: no va a durar. Porque el derecho de reinar de verdad no pertenece a quien conquista por la fuerza. Pertenece a quien Dios elige y a quien Dios se lo entrega.
"Yo se lo entregaré" — no es él tomándolo. Es Dios entregándolo. La autoridad verdadera siempre desciende de arriba; nunca se roba de abajo hacia arriba. Y por eso toda usurpación, tarde o temprano, se derrumba.
Ahora, déjame preguntarte algo con cariño: ¿existe alguna injusticia en tu vida hoy — una situación, una persona, un sistema — que parece estar ganando, que parece que va a quedarse así para siempre? Quiero recordarte: Dios ve. Y Dios ya marcó un límite. No te toca a ti hacer justicia con tus propias manos, tratando de derribar tú solo lo que solo Dios tiene autoridad para juzgar.
Nuestra esperanza, al final, no está en una reforma política ni en una victoria inmediata. Está en un Rey que ya vino una vez como cordero, y que va a volver como Rey de reyes — aquel a quien pertenece, de hecho y por derecho, todo juicio.
Entonces hoy, quiero invitarte: toma esa injusticia que pesa sobre ti y entrégala, en oración, en las manos de quien tiene el derecho de juzgar. No es resignación. Es confianza.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.