Día 260 · jueves, 17 de septiembre
"Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia, y su verdad por todas las generaciones."SALMOS 100:5
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 260, Amor Sin Final.
"Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia, y su verdad por todas las generaciones." Salmos cien, versículo cinco.
Quédate con esa palabra. El salmista no abre con una petición. No abre con un mandato. Abre con un hecho — un hecho sobre quién es Dios. Jehová es bueno. No que hace cosas buenas cuando le conviene. No que actúa con bondad cuando lo merecemos. La bondad es lo que él es. En su centro, en su esencia, sin condiciones.
Y luego viene la palabra que lo cambia todo: hesed. En el hebreo original, hesed es amor leal, amor de pacto — el amor que no suelta. No es un sentimiento que depende de tu rendimiento, que sube cuando aciertas y baja cuando fallas. No. Ese amor es el suelo sobre el que estás parado ahora mismo. Firme. Eterno. Sin fecha de vencimiento.
Sin fecha de vencimiento — eso significa que cuando dudaste, no se debilitó. Cuando fallaste — y todos fallamos — no se fue. Cristo en la cruz fue la prueba más definitiva que el mundo haya visto jamás: este amor no retrocede ante el dolor, no retrocede ante la traición, no retrocede ni ante la muerte misma. Lo atraviesa todo.
Y no comienza contigo. La fidelidad de Dios llega hasta ti cargada de siglos — siglos de promesas hechas y cumplidas, de generaciones que clamaron su nombre y fueron respondidas. No empiezas desde cero. Heredas una historia de fe. Cada vez que Dios fue fiel ayer, está siendo fiel en ti hoy.
Pero hay algo más. Este amor no se queda quieto esperando que tú encuentres el camino de regreso. Jesús contó la historia del pastor que deja las noventa y nueve y va — va — a buscar la que se perdió. No manda a alguien. Él va. Tú eres alguien a quien Dios fue a buscar. Quizá esta semana ha sido dura, quizá la duda golpeó fuerte, quizá sientes que te alejaste. Él no ha dejado de buscarte. Este amor persigue.
Y un amor así — eterno, leal, que persigue — merece una respuesta. No por obligación. Por alegría.
Entonces hoy, antes del desayuno, detente un momento. Piensa en una manera concreta — una situación real, de esta semana — en que el amor de Dios te sostuvo. No tiene que ser algo grande. Puede ser pequeña y silenciosa. Y cuando la encuentres, no te la guardes solo en el pensamiento. Dísela en voz alta: "Señor, vi tu bondad aquí." Dilo. Déjalo salir. Porque la gratitud proclamada es fe que se afirma.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.