
Día 258 · martes, 15 de septiembre
La Gloria Parte
"Entonces la gloria de Jehová se elevó de encima del umbral de la casa, y se puso sobre los querubines."EZEQUIEL 10:18
Transcripción
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 258, La Gloria Parte.
"Entonces la gloria de Jehová se elevó de encima del umbral de la casa, y se puso sobre los querubines." Ezequiel 10:18.
Esta es una de las escenas más tristes de toda la Escritura, y necesito que sientas el peso de ella conmigo por un instante. El templo era el único lugar en la faz de la tierra donde la presencia visible de Dios habitaba entre un pueblo. No era un símbolo cualquiera — era el mismo centro de la identidad de Israel. Y ahora, capítulo tras capítulo de idolatría, de prácticas repugnantes hechas dentro de los propios atrios sagrados, han llegado a este punto: la gloria se levanta y comienza a irse.
Fíjate que no es una salida repentina. Unos versículos antes, la gloria estaba sobre los querubines dentro del santuario. Aquí, se mueve al umbral — la entrada de la puerta. Más adelante en el capítulo, se detendrá sobre la puerta oriental del templo. Es una partida por etapas, casi reticente, como si Dios le estuviera dando a su pueblo una oportunidad más, un momento más, antes de irse del todo.
¿Y por qué se aleja? No es un capricho. No es un Dios emocional que se rinde de la nada. Es la consecuencia directa de lo que los capítulos anteriores describieron — imágenes de idolatría plantadas dentro del propio templo, un pueblo que profanó el lugar más sagrado que tenía. Dios no abandona por casualidad; se retira de lo que ha sido profanado persistentemente, sin arrepentimiento, sin cambio.
Esto me hace pensar en algo importante: la gloria de Dios no se impone a nadie. Él no invade un espacio que continuamente lo rechaza. Su presencia es un don — algo ofrecido, no algo garantizado para siempre sin importar cómo lo tratemos. Y un corazón, una casa, una vida que sigue rechazando esa presencia, aun con advertencias repetidas, puede en efecto verla alejarse.
Pero escucha algo que me consuela profundamente: el mismo Ezequiel que describe esta partida dolorosa, más adelante en su libro, profetizará el regreso glorioso de esa misma presencia a un templo restaurado. La visión termina con esperanza, no con abandono definitivo. La partida de Dios nunca es la última palabra sobre su pueblo — es un llamado al arrepentimiento, una pausa antes de la restauración.
Entonces necesito preguntarte, con todo cariño: ¿existe algún espacio en tu vida donde la presencia de Dios ha sido, poco a poco, empujada hacia afuera? Quizás no sea un templo de piedra — quizás sea tu rutina, tu casa, tu corazón, un lugar que antes estaba dedicado a Él y que hoy está lleno de otras cosas.
Hoy quiero invitarte a examinar esto con honestidad. Elige un espacio — puede ser un hábito, un horario de tu día, un área de tu corazón — y reserva un momento concreto para invitar de vuelta la presencia de Dios a ese lugar. No esperes a que se vaya del todo.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.
EL LUGAR MÁS SAGRADO
El templo era el único lugar en la tierra donde la presencia visible de Dios habitaba entre el pueblo. Ver esa gloria moverse de allí era una señal de gravedad casi inimaginable.
UNA PARTIDA GRADUAL
La gloria no desaparece de repente — se mueve del santuario al umbral, luego a los querubines, luego a la puerta oriental. Dios da tiempo, paso a paso, antes de partir del todo.
EL RESULTADO DEL PECADO PERSISTENTE
Esta salida no es un capricho divino — es la consecuencia de capítulos enteros de idolatría dentro del propio templo. Dios no abandona por casualidad; se retira de lo que fue profanado.
LA GLORIA NO SE FUERZA
Dios no permanece donde no es honrado ni deseado. Su presencia es un don, no una obligación — y un corazón o lugar que la rechaza continuamente puede, en efecto, verla partir.
AÚN HAY ESPERANZA POR DELANTE
El mismo Ezequiel que ve la gloria partir también profetizará, más adelante, su regreso glorioso al templo restaurado. La partida nunca es la última palabra de Dios sobre su pueblo.
GUARDA LO QUE ES SAGRADO
Actúa: examina hoy un espacio de tu vida — tu casa, tu rutina, tu corazón — que quizás haya dejado de honrar la presencia de Dios, y reserva un momento concreto para invitarla de vuelta.