Día 217 · miércoles, 5 de agosto
"Fiel es el que os llama, el cual también lo hará."1 TESALONICENSES 5:24
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 217, Él Mismo lo Hará.
Fiel es el que os llama, el cual también lo hará. Primera de Tesalonicenses, capítulo cinco, versículo veinticuatro.
Quédate un momento con esa palabra. No la leas como si fuera una frase bonita en una postal. Escucha lo que Pablo está diciendo en serio: hay un Dios que llama. Personalmente. Con nombre. Con propósito. No llegaste a la fe por casualidad, no tropezaste con la gracia sin querer — hay un llamado divino sobre tu vida, puesto ahí por la mano de Dios antes de que tú supieras que lo necesitabas.
Y ese Dios que llamó — Pablo dice que es fiel.
No dice solamente que es poderoso. No dice solamente que es bondadoso. Dice fiel. Y fiel tiene un peso distinto. Fiel es el que promete — y cumple. Siempre. No cuando aciertas, no cuando lo mereces — siempre. La fidelidad de Dios no es una recompensa a tu esfuerzo. Es su carácter. No cambia con tu estado de ánimo, no disminuye con tu fracaso, no titubea frente a tu debilidad.
Pero el corazón del versículo — lo que lo cambia todo — son estas dos palabras: él mismo.
Él mismo lo hará. No "si te esfuerzas lo suficiente". No "si no cometes demasiados errores". Él mismo. La obra de tu santificación, de tu perseverancia, de tu crecimiento — esa obra le pertenece primero a él. Y eso, mi querido, eso alivia una carga que muchos llevamos sin darnos cuenta siquiera. La carga de tener que garantizar el propio proceso. La carga de ser, al mismo tiempo, el campo y el agricultor.
Y si todavía te preguntas — ¿pero cómo sé que él realmente cumple lo que promete? — entonces mira la cruz. Ese es el argumento definitivo. Quien fue capaz de entregar a su propio Hijo no va a abandonar lo que comenzó en ti. La cruz no es solo perdón — es la prueba más alta de que Dios toma en serio todo lo que prometió. Si llegó hasta allá, llega hasta el final contigo.
Entonces podemos crecer sin esa ansiedad que corroe por dentro — el "¿y si vuelvo a fallar?", el "¿y si no soy suficiente?". Él es el autor. Él es el consumador. Tú eres el campo — y el agricultor es fiel.
Ahora, antes de que empiece tu día, antes del desayuno, antes del trabajo, antes del ruido — elige un área de tu vida en la que has cargado el peso tú solo. Ya sabes cuál es. Puede ser una relación que intentas arreglar a pura fuerza de voluntad. Puede ser un hábito que ya creías imposible vencer. Puede ser un miedo que no le cuentas a nadie. Elige esa área — y dile en voz alta a Dios, con tus propias palabras, desde adentro: "Confío en que tú mismo lo harás en mí." Una sola frase. Dicha de verdad. Eso cambia la postura de todo el día — porque ya no estás solo en el proceso.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.