Día 215 · lunes, 3 de agosto
"Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora."ECLESIASTÉS 3:1
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 215, Tiempo Justo.
"Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora." Eclesiastés 3:1.
Este versículo abre uno de los poemas más conocidos de toda la literatura — no solo de la Biblia. Después de él vienen catorce pares de opuestos: tiempo de nacer, tiempo de morir; tiempo de llorar, tiempo de reír; tiempo de guardar, tiempo de desechar. Es poesía, pero también es una de las verdades más prácticas que podemos llevar al día común.
Fíjate que el Predicador no está prometiendo que toda estación será fácil, ni que toda estación va a tener sentido mientras la estamos viviendo. Está diciendo algo distinto y, en realidad, más profundo: toda estación tiene su lugar. Incluso la estación que duele, incluso la que no entendemos, incluso la que parece durar demasiado — tiene un lugar dentro de un propósito mayor. Solo que muchas veces solo vemos ese propósito mirando hacia atrás, nunca mirando dentro del momento presente.
Y mira la segunda parte del versículo: "debajo del cielo". Esto no es solo una expresión poética de lugar. Es una afirmación teológica. Las estaciones que vivimos no suceden en un universo caótico, sin dirección, sin nadie al mando. Suceden debajo del cielo — bajo el dominio de Dios, bajo la mirada de quien gobierna todas las cosas, incluido el tiempo. Eso lo cambia todo. Tu estación difícil no es azar perdido en el vacío. Está debajo del cielo de Dios.
Creo que buena parte de nuestro sufrimiento viene de algo sencillo: luchamos contra la estación que estamos viviendo, exigiendo que sea otra. Estamos en una estación de espera y queremos que ya sea la estación de la cosecha. Estamos en una estación de llanto y exigimos que ya sea la estación de la risa. Pero la sabiduría de Eclesiastés comienza justo aquí: reconocer, con honestidad, en qué tiempo realmente estás — y dejar de gastar toda tu energía negándolo.
Y aquí va una palabra de esperanza, escondida dentro de esta misma verdad: si la vida tiene estaciones, ninguna de ellas es permanente. El dolor que cargas ahora no es eterno — es una estación, y las estaciones pasan. Y la alegría que estás viviendo ahora, si la estás viviendo, merece vivirse plenamente, sin miedo, porque también es una estación, y va a cambiar.
Entonces hoy, quiero invitarte a hacer algo sencillo y honesto. Escribe, en una sola frase, qué estación estás viviendo ahora. No tiene que sonar bonito. Solo tiene que ser verdad. Y después, ofrécele esa estación a Dios en oración — no pidiendo que termine mañana, sino pidiendo sabiduría para vivirla plenamente, debajo de su cielo, en vez de gastar energía resistiéndote a ella.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.