Día 186 · domingo, 5 de julio
"Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo."2 CORINTIOS 12:9
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 186, Fuerza en Debilidad.
Escucha esto con cuidado. Deja que caiga hondo:
"Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo." Segunda de Corintios, capítulo doce, versículo nueve.
Pablo estaba sufriendo. Tenía algo que lo afligía — algo que no cedía, que no desaparecía — y se lo llevó a Dios. Tres veces. No una. Tres. Y eso no es falta de fe; es fe en acción. Es la oración de alguien que sabe que Dios puede cambiar cualquier cosa, y que sigue esperando, y que sigue insistiendo.
Pero la respuesta que llegó no fue la que Pablo esperaba. No fue la sanidad. No fue el alivio. Fue algo mucho más profundo. Dios le dijo: "Bástate mi gracia."
No "te bastará algún día." No "cuando estés mejor." Te basta ahora. En este momento. Con todo lo que cargas, con todo lo que has estado ocultando, con todas las grietas que nadie más ve — la gracia de Cristo es suficiente. No espera a que tengas fuerzas. Llega antes de que las tengas.
Y luego viene la frase que lo cambia todo: "Mi poder se perfecciona en la debilidad." No a pesar de ella. No cuando termine. A través de ella. Es exactamente donde tú terminas donde Él empieza a moverse con más claridad. Tu límite es Su punto de entrada.
Pablo entendió esto — y cuando lo entendió, no solo aceptó su debilidad. Se glorió en ella. Eso suena a locura. Suena incluso a algo equivocado. Pero piensa en la Cruz. Cristo clavado ahí, aparentemente derrotado, aparentemente sin poder — y sin embargo, ese fue el momento de mayor poder en toda la historia. La Resurrección nace de la Cruz. La victoria sale de ese lugar. El poder de Dios se vistió de debilidad y transformó el mundo entero.
Por eso Pablo dice: "Para que repose sobre mí el poder de Cristo." La imagen que usa es la de una tienda que cubre, una presencia que se instala y no se va. Una sombra que protege y permanece. Pero esa cobertura no puede posarse sobre quien sigue fingiendo que todo está bien. Solo descansa donde hay honestidad. Donde alguien para, suelta el control, y dice: yo solo no puedo.
Ahí es donde Él entra.
Entonces hoy, mi querido, te pido una sola cosa. Antes del desayuno, antes de que empiece el ruido del día, busca un momento quieto — puede ser en tu cuarto, en el carro, en la cocina todavía en silencio — y nombra en voz alta una debilidad que has estado cargando solo. No para ti mismo. Para Dios. Dile: "Aquí está. Aquí está mi debilidad. Que tu poder repose sobre mí hoy." Dilo como si fuera verdad — porque lo es. Eso no es rendirse. Eso no es derrota. Es hacerle espacio a Él para que actúe. Es lo más valiente que puedes hacer esta mañana.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.