Día 176 · jueves, 25 de junio

Dueño de Todo

"Porque mía es toda bestia del bosque, Y los millares de animales en los collados."SALMOS 50:10

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Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno estar contigo hoy. Es By God's Call — día 176, Dueño de Todo.

"Porque mía es toda bestia del bosque, y los millares de animales en los collados." Salmos 50:10.

Este versículo tiene un contexto importante que lo cambia todo. Dios está corrigiendo al pueblo de Israel, que había caído en una trampa sutil: creían que los sacrificios que ofrecían de alguna manera alimentaban a Dios, suplían alguna necesidad suya. Como si Dios necesitara el toro, el cordero, la ofrenda, porque de lo contrario le faltaría algo.

Y Dios responde con una claridad casi graciosa, si lo piensas bien: "¿Creen que necesito la carne de toros o la sangre de machos cabríos? Toda bestia del bosque ya es mía. Los millares de animales en los collados — ya son míos." No está haciendo una lista de lo que posee para presumir. Está corrigiendo una visión distorsionada de quién es él.

Dios nunca necesitó nada que tú tengas para darle. No es un Dios carente que espera que tú lo completes. Es dueño de todo — cada animal, cada colina, cada recurso, cada grano de trigo en cada campo del mundo. "Mil collados", en aquella época, era simplemente una forma de decir "una cantidad que nadie puede contar." No es un número exacto. Es el lenguaje de la abundancia sin fin.

Entonces, si Dios ya posee todo esto, ¿por qué nos pide algo? La respuesta es hermosa: no lo pide para completar lo que le falta. Lo pide porque quiere tu corazón. La adoración nunca fue para suplir una necesidad de Dios — siempre fue para acercarte a él, con gratitud sincera, sin regateo, sin la ilusión de que estás "pagando" por algo.

Y eso cambia cómo enfrentas tus preocupaciones hoy. Si todo animal, todo recurso, toda colina del mundo ya pertenece a Dios, entonces su provisión para ti jamás va a depender de recursos escasos. Él no va a mirar tu necesidad y decir "lo siento, no alcanzó." Tiene de sobra. Siempre lo tuvo. Siempre lo tendrá.

Mucha gente ora como quien regatea — "Dios, si haces esto, yo haré aquello" — como si estuviera negociando con alguien que necesita nuestra ofrenda. Pero Dios no quiere regateo. Quiere gratitud. Quiere que vengas a él reconociendo: ya lo tienes todo, y aun así eliges cuidar de mí.

Entonces, hoy, quiero que hagas esto: identifica una preocupación financiera, o de provisión, algo que te pesa — quizás una cuenta, quizás una incertidumbre sobre el futuro, quizás el miedo de que algo va a faltar. Y en vez de negociar con Dios, prueba algo distinto: agradece. Agradécele por ya ser dueño de todo lo que necesitas, mucho antes de que se lo pidas.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.