Día 176 · jueves, 25 de junio

Valor en la Espera

"Esforzaos todos vosotros los que esperáis en Jehová, y tome aliento vuestro corazón."SALMOS 31:24

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Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 176, Valor en la Espera.

"Esforzaos todos vosotros los que esperáis en Jehová, y tome aliento vuestro corazón." — Salmos 31:24.

Deja que ese versículo se asiente. No lo dejes pasar de largo. Porque David no escribió esto desde la cima del triunfo. Lo escribió desde la angustia. Desde ese lugar donde la promesa de Dios todavía no se había cumplido. Ese espacio incierto — el que tú conoces muy bien — entre lo que Dios prometió y el día en que eso llega.

Y es justamente desde ese lugar que habla: esforzaos. Valor en la espera. No después de ella. En medio de ella.

Quiero que escuches esto con cuidado. El versículo dice "tome aliento vuestro corazón" — y eso supone que el miedo es real. David no está fingiendo que todo está bien. No te está pidiendo que fuerces una sonrisa y actúes como si no doliera. Él sabe que duele. Y aun así dice: tu corazón puede osar confiar. El valor no es la ausencia del temor. Es la decisión de confiar mientras el temor todavía está ahí.

Ahora bien, necesito decirte algo sobre lo que significa esperar en el Señor, porque el mundo ha distorsionado esa idea. Esperar no es quedarse quieto, resignado, matando el tiempo. No. Esperar en el Señor es un acto activo. Es mantener los ojos fijos en él cuando todo a tu alrededor te dice que te rindas. Es sostener la fe cuando la respuesta tarda. Es seguir siendo fiel en lo pequeño, en lo cotidiano, mientras todavía no ves el cumplimiento. Esperar es caminar — con los ojos puestos en el Dios que prometió.

Y aquí está el corazón de este versículo: la fuerza no viene de ti. El texto no te manda fabricar valor de la nada, apretar los dientes y aguantar a pura voluntad. No. Quien espera en el Señor recibe de él la misma fuerza que necesita para seguir en pie. No tienes que crear lo que no tienes. Tienes que volverte hacia aquel que lo tiene todo — y recibirlo de él.

Porque la espera tiene fin. Toda estación intermedia apunta hacia un amanecer. No hay espera eterna para quien confía en el Señor. No estás esperando en el vacío. Estás avanzando hacia una promesa que sin duda llegará. El Dios que prometió es fiel. Eso no es optimismo barato — es su palabra.

Entonces hoy, mi querido, te llamo a un acto sencillo y valiente. Nombra la espera que más te pesa en este momento. Esa cosa que cargas en silencio, que a veces parece que nunca se va a resolver. No le huyas — mírale de frente. Ponle nombre. Y luego, en lugar de rendirte, da hoy un pequeño paso fiel en esa dirección. Solo un paso. Y entrega el resultado en las manos de Dios. Él sabe lo que está haciendo contigo.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.