Día 126 · miércoles, 6 de mayo

Sirviendo a Cristo

"Sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís."COLOSENSES 3:24

Escucha - el llamado de hoy en portugués, inglés o español

Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 126, Sirviendo a Cristo.

Colosenses 3:24 — escucha bien esto: "Sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís."

A Cristo el Señor servís.

Pablo escribió estas palabras para siervos. No para gerentes con oficina propia. Para personas que no tenían derechos, que no podían negociar, que no recibían reconocimiento de nadie. Y fue precisamente a ellos a quienes el Espíritu Santo le entregó esta verdad: por encima de todo organigrama, por encima de todo jefe humano, por encima de toda cadena de mando que el mundo haya construido — hay un nombre. Y ese nombre es Cristo.

Eso lo cambia todo.

Porque cuando sabes para quién trabajas de verdad, el peso de cada tarea se transforma. El informe que parece absurdo a las siete de la mañana... el cliente que no te valora... la labor que nadie nota... todo eso empieza a cargarse de un sentido diferente. No porque el trabajo se haya vuelto más fácil. Sino porque el propósito se hizo más grande. La obligación ganó alma.

¿Y la promesa que viene con ese llamado? Es extraordinaria. Pablo habla de herencia. No de sueldo. No de bono. Herencia. En el mundo antiguo, esa palabra era para los hijos. Para los que tienen derecho por pertenecer, no por producir. Y el Señor dice: lo que el mundo no registró, yo sí lo registré. El esfuerzo que nadie aplaudió, yo lo vi. El servicio fiel que pasó desapercibido, está guardado en el cielo.

El reconocimiento humano falla. Todo líder tiene sus puntos ciegos. Toda empresa tiene sus injusticias. Hay días en que das todo y nadie se entera. Pero el registro del cielo no tiene lagunas. Ningún acto fiel escapa a los ojos de tu Señor.

Y eso — eso es lo que te da aliento para los días ordinarios. No la promesa de un ascenso. No la esperanza de un elogio. Sino la certeza de que trabajas con la eternidad a la vista. Que cada cosa hecha con integridad, con cuidado, con amor — hasta las más pequeñas — es recibida por Aquel que te conoce por nombre.

Entonces hoy, antes del desayuno, antes de abrir el teléfono, antes del primer mensaje — vas a hacer una sola cosa. Vas a orar en voz alta. No en silencio. En voz alta, para que tú mismo lo escuches. Y vas a decir: "Cristo, hoy trabajo para Ti." Eso es todo. Esas cinco palabras. Y luego llevas esa frase a tu primera tarea del día — y dejas que ella reoriente todo lo que viene después.

Nombra a tu Señor. Antes de que el día te ponga nombre a ti.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.