Día 57 · jueves, 26 de febrero

Escuchadle a Él

"Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis;"DEUTERONOMIO 18:15

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Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 57, Escuchadle a Él.

"Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis." Deuteronomio 18:15.

Moisés está al final de su vida. Ya ha visto al pueblo salir de Egipto, cruzar el desierto, recibir la ley en el Sinaí. Y sabe que no entrará con ellos a la tierra prometida. Entonces, antes de partir, hace algo extraordinario: apunta hacia el futuro. Dice que Dios levantará otro profeta como él — un profeta al que el pueblo debe escuchar.

Fíjate bien en las palabras: "de en medio de ti, de tus hermanos". Ese profeta no vendría de un palacio lejano, ni de un pueblo extranjero. Vendría de adentro. Uno de los suyos. Alguien que sentiría hambre como ellos, que lloraría como ellos, que conocería por dentro el peso de ser humano. Y siglos después, Pedro, predicando en el templo, cita exactamente esta frase y señala directamente a Jesús. En Hechos 3 dice sin rodeos: ese profeta es Él. La promesa por fin tenía un rostro, un nombre, una historia.

Pero quiero que notes algo que solemos pasar por alto: "a él oiréis". En la Biblia, oír nunca es solo un verbo pasivo. Escuchar la voz de Dios siempre exige un movimiento de todo el cuerpo. No es solo prestar atención — es cambiar de dirección cuando la voz lo ordena. Es detenerse cuando dice "detente". Es seguir cuando dice "ve". La promesa de un profeta siempre viene junto con el llamado a obedecerle.

Y hay algo hermoso escondido aquí: Moisés fue el mayor profeta que Israel había conocido hasta entonces. Hablaba con Dios cara a cara, como amigo habla con amigo. Pero el profeta prometido sería aún mayor. Moisés hablaba la palabra de Dios; Jesús es la Palabra misma de Dios hecha carne. El patrón prometió algo — y el cumplimiento superó incluso a la promesa.

Entonces hoy, piensa en esto: tienes la voz de ese Profeta disponible ahora mismo, en las páginas de los Evangelios. No es una voz distante, escondida detrás de nubes o de silencio. Es una voz que habla con claridad, que enseña, que corrige, que consuela. La pregunta no es si has oído hablar de ella. La pregunta es si has escuchado — de verdad, con los pies listos para seguir.

Entonces aquí está el llamado de hoy: antes del desayuno, abre los Evangelios — Mateo, Marcos, Lucas o Juan, cualquiera — y lee una página. Solo una. Y cuando Jesús mande hacer algo ahí, hazlo. No lo filosofes. No lo guardes para después. Obedece lo primero que él te diga.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.