Día 365 · jueves, 31 de diciembre
"Bueno es Jehová para con todos, y sus misericordias sobre todas sus obras."SALMOS 145:9
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 365, Bueno para Todos.
Bueno es Jehová para con todos, y sus misericordias sobre todas sus obras. Salmos 145, versículo 9.
Detente un momento con esa palabra. Jehová es bueno. No "era bueno" cuando todo salía bien, no "será bueno" cuando por fin lo tengas todo resuelto — es bueno. Ahora. Presente. Actuando. Y hoy, en el último día del año, cuando la mente todavía está haciendo cuentas — lo que salió bien, lo que no, lo que perdiste, lo que esperabas y no llegó — la Palabra de Dios no viene a revisar tu balance. Viene a anclarte en una verdad que no depende de cómo te fue este año: Jehová es bueno.
Y fíjate cómo lo dice el salmista. No "bueno para los que se lo merecen." No "bueno para los que tuvieron suficiente fe." Bueno para todos. Eso incluye a quien llega al día 365 tropezando. Incluye a quien perdió a alguien, a quien falló en algo que prometió, a quien está demasiado agotado hasta para sentir esperanza. La bondad de Dios no tiene lista de aprobados. Es para todos — y eso significa que es para ti, exactamente como llegaste hoy.
Y hay más. Sus misericordias están sobre todas sus obras. No solo sobre tus logros y tus momentos de fe — también sobre tus heridas, sobre tus fracasos, sobre los días que preferirías olvidar. Cada rincón de este año que cierra estuvo cubierto por la misericordia de Dios. Hubo momentos en que no sentiste su mano — lo entiendo, yo también conozco esa sensación — pero mira atrás con calma ahora. Vas a encontrar huellas de gracia donde menos las esperabas. Una conversación que lo cambió todo. Una puerta que se cerró y te protegió. Una persona que apareció justo a tiempo. Eso es la misericordia de Dios. Estaba ahí.
Y esa bondad no se quedó en el cielo como una idea hermosa. Bajó. Tomó forma. Caminó entre nosotros en Cristo Jesús — que tocó a los olvidados, que fue a la cruz no por obligación, sino por amor. Cada misericordia que viviste este año tiene el rostro de Jesús. Cada vez que no fuiste destruido por el peso de lo que cargabas — fue Él. Cada vez que encontraste fuerzas que no sabías que tenías — fue Él.
Y ahora el calendario gira. Una nueva página. Y quizás sientes esa mezcla extraña de alivio y ansiedad que trae el cambio de año. Pero escucha esto: el mismo Señor que fue fiel en el año que termina ya está delante de ti en el que comienza. Él no necesita prepararse para tu mañana. Ya está allí. El cambio de año no es una amenaza — es una invitación. Una invitación a entrar en lo nuevo con confianza, porque la bondad que te sostuvo aquí te va a sostener allá.
Entonces hoy, antes del desayuno, detente dos minutos. Solo dos. Nombra en voz alta — no en tu mente, en voz alta — tres momentos de este año en que la bondad de Dios fue real para ti. Puede ser algo sencillo. Puede ser algo pequeño. Solo nómbralo. Y luego dile a Él, también en voz alta: "Confío en tu bondad para el año que viene." Hazlo. No es poco — es un acto de fe que abre la puerta del año nuevo con gratitud y esperanza.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.