Día 362 · lunes, 28 de diciembre
"Alabad a Jehová, porque él es bueno; porque su misericordia es eterna."SALMOS 107:1
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 362, El Amor Que No Cesa.
Alabad a Jehová, porque él es bueno; porque su misericordia es eterna. Salmos 107:1.
Detente un momento en esas palabras. No las dejes pasar. Porque el salmista pudo haber comenzado de otra manera — pudo haber enumerado las bendiciones recibidas, las oraciones respondidas, los milagros del año. Pero no lo hace. Comienza con el carácter de Dios. Antes de decir lo que Dios hace, dice lo que Dios es. Él es bueno. Esa es el ancla. No la circunstancia, no el balance del año — su carácter. Y cuando anclas tu vida en eso, hay algo que ninguna tormenta puede quitarte.
Hay una palabra en el texto hebreo que necesito mostrarte: hesed. La traducimos como "misericordia" o "amor", pero hesed es mucho más que un sentimiento. Es lealtad. Es ternura. Es compromiso de pacto — el tipo de amor que no desaparece cuando fallas, cuando te alejas, cuando dudas. El amor de Dios no depende de tu rendimiento. No sube cuando lo haces bien ni cae cuando tropiezas. Cristo en la cruz es la prueba más plena de eso — amó hasta el final, y ese "final" no tuvo fin.
Y el salmista dice: es eterna. Para siempre. Piensa en lo que eso significa hoy, aquí, a 28 de diciembre. Este año fue largo. Hubo meses hermosos y meses que pesaron. Quizás llegaste hasta aquí cargando una pérdida que todavía duele, un sueño que no se cumplió como esperabas, una pregunta que aún no tiene respuesta. Y aun así — aun así — el amor de Dios cruzó todo eso contigo. Nada de lo que vivimos en 2026 pudo borrarlo, porque no tiene fecha de vencimiento.
Estamos casi al final del año. Y yo te invito a mirar hacia atrás — no con la lente de lo que faltó, sino con la lente de Quién estuvo presente. Porque cuando miras con ese filtro, empiezas a ver cosas que dejaste pasar demasiado rápido. La mano de Dios en aquel momento en que casi te rendiste. La paz inexplicable en aquella madrugada difícil. El encuentro inesperado. La puerta que se cerró y que hoy agradeces que se haya cerrado. La gratitud no es fingir que el dolor no existió. Es reconocer que, incluso dentro del dolor, Dios fue fiel. El alabanza no nace cuando todo está perfecto — nace cuando ves a Quién estuvo contigo.
Y eso es exactamente lo que te llamo a hacer hoy. Antes del desayuno — antes de abrir el teléfono, antes de entrar al ritmo del día — toma un papel y escribe tres momentos de este año en que el amor de Dios te sostuvo. Tres. Y uno de ellos puede ser algo que en su momento pareció un fracaso. Puede ser lo que más dolió. Porque a veces es exactamente en esos lugares donde la fidelidad de Dios se vuelve más visible, cuando el polvo se asienta. Escribe los tres momentos. Y luego agradécele por cada uno — en voz alta. No solo en la mente. Con tu voz. Deja que el alabanza salga de tu boca, porque hay poder en nombrar lo que Dios ha hecho.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.