Día 361 · domingo, 27 de diciembre

Esperanza que Vive

"Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos."1 PEDRO 1:3

Escucha - el llamado de hoy en portugués, inglés o español

Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 361, Esperanza que Vive.

Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos. Primera Carta de Pedro, capítulo uno, versículo tres.

Fijate cómo arranca Pedro. No con una instrucción. No con un paso a paso. Arranca con adoración. "Bendito sea Dios." Antes de explicar lo que Dios hace, se detiene — hace una pausa — y exalta quién es Dios. Y eso nos enseña algo que necesitamos escuchar hoy: la gratitud va antes que el entendimiento. No tenés que tener todo claro, no tenés que haber resuelto todo lo de este año, para poder adorar. Adorás primero. El entendimiento llega después, en su tiempo.

Y entonces Pedro nos lleva al corazón del versículo: la grande misericordia de Dios. No nuestro esfuerzo. No nuestra constancia. No nuestras buenas intenciones — aunque todo eso importa. Lo que nos mueve, lo que nos sostiene, lo que nos salva — es la misericordia de él. Grande. Desbordante. Todo lo que tenemos comienza en Dios, no en nosotros. La salvación no es algo que vos lograste. Es algo que él te dio. Y hay una paz muy profunda en dejar que eso repose en tu alma.

Él nos hizo renacer. No reformar. No mejorar. Renacer — una vida completamente nueva, plantada por Dios adentro tuyo. Como cuando brota algo donde antes no había nada. Vos no sos el mismo que eras. Y eso no es un dato menor — es la obra de Dios en vos.

Y esa vida nueva tiene una base concreta, histórica, inamovible. Pedro no apunta a un sentimiento. No apunta al optimismo. Apunta a un hecho: la resurrección de Jesucristo de los muertos. Cristo murió — y resucitó. Eso pasó. Y porque pasó, nuestra esperanza no flota en el aire. Está anclada en algo que ninguna circunstancia puede borrar.

Por eso Pedro la llama esperanza viva. No cualquier esperanza. No la esperanza frágil que se rompe cuando las cosas se ponen difíciles. Esperanza viva — que late, que crece, que sostiene. Y vos estás cerrando este año con esa esperanza adentro. Puede haber sido un año muy pesado. Puede haber habido dolores que todavía están frescos. Pero no llevás una promesa muerta. Llevás una esperanza que respira — porque el Cristo que la fundó está vivo.

Entonces hoy, hacé esto: antes del desayuno, decí en voz alta — no adentro tuyo, en voz alta — una cosa por la que le agradecés a Dios en este año. Una sola cosa. Y dale gracias por el Cristo resucitado que hace viva tu esperanza. Dejá que tus palabras llenen el cuarto. Hay algo poderoso en declarar con tu boca lo que Dios ha hecho.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.