Día 360 · sábado, 26 de diciembre

Él Está a la Puerta

"He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo."APOCALIPSIS 3:20

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Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 360, Él Está a la Puerta.

"He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo." Apocalipsis 3:20.

Este versículo aparece en una carta que duele leer. Es la carta de Jesús a la iglesia de Laodicea — una iglesia tibia, ni fría ni caliente, satisfecha de sí misma, que decía "no necesito nada" mientras Jesús veía su condición real: pobre, ciega, desnuda. Es una reprensión dura.

Y es justo después de esa reprensión que llega esta escena. Fíjate en lo que Jesús no hace. No abandona a la iglesia tibia. No derriba la puerta para entrar a la fuerza y arreglarlo todo él solo. Se queda afuera, llamando. El Rey del universo — Aquel que tiene todo el poder para simplemente tirar abajo cualquier puerta que quisiera — elige esperar. Elige respetar tu libertad de elegir.

Eso dice mucho sobre quién es Dios. Su amor no invade. Su amor llama y espera una respuesta.

"Si alguno oye mi voz." No dice "si alguno es perfecto". No dice "si alguno ya tiene resuelta su vida espiritual". Dice: si oye. La condición no es el mérito — es la atención. Jesús habla, pero habla suave, en medio del ruido de nuestros días agitados, de nuestras pantallas, de nuestras preocupaciones. La pregunta es si nos detenemos el tiempo suficiente para escuchar esa voz que llama.

¿Y qué promete si abres? "Entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo." Una comida compartida. En el mundo antiguo, comer junto no era solo nutrición — era símbolo de amistad profunda, de aceptación, de pertenencia. Jesús no está pidiendo entrar un rato, echar un vistazo y volver a salir. Quiere sentarse a tu mesa. Quiere quedarse.

Y aquí viene un detalle que amo de este versículo: fíjate que no hay picaporte del lado de afuera de esa puerta. La decisión de abrir siempre es tuya. La invitación ya está hecha — Él ya está allí, llamando ahora mismo. Pero la respuesta depende de ti.

Quiero preguntarte, con cariño: ¿existe alguna área de tu vida que mantienes cerrada para Jesús? Quizás un dolor antiguo que no quieres procesar con Él. Quizás una decisión que ya tomaste sin consultarle. Quizás solo la prisa del día a día, que no deja espacio para escuchar esa voz que llama suavemente.

Entonces hoy, quiero invitarte a hacer algo sencillo: detente un minuto, en silencio, y di en voz alta: "Jesús, abro la puerta ahora." Nombra el área específica que has mantenido cerrada con llave. Él no va a forzar nada — pero va a entrar, y se va a sentar contigo.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.