Día 346 · sábado, 12 de diciembre

Nada Nos Separa

"Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro."ROMANOS 8:38-39

Escucha - el llamado de hoy en portugués, inglés o español

Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 346, Nada Nos Separa.

Quiero que escuches esta palabra. Que la dejes asentarse.

"Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro." Romanos 8, versículos 38 y 39.

Pablo no dice "espero". No dice "quizás". Dice: estoy seguro. Y esa seguridad no nació de una vida cómoda. Pablo fue encarcelado, apedreado, naufragó, fue traicionado por los suyos. Su certeza vino de un encuentro — del día en que Cristo lo derribó en el camino a Damasco y lo llamó por su nombre. Cuando uno encuentra a Jesús de verdad, la duda sobre el amor de Dios ya no puede sostenerse.

Y mira lo que está en el centro de esta promesa. No es un sentimiento. Es una Persona. "El amor de Dios que es en Cristo Jesús." Pablo lo ancla todo en la cruz. La cruz no es un símbolo decorativo — es la prueba definitiva, inscrita en la historia, de que Dios no retrocede ante tu dolor. Bajó hasta el fondo. Fue hasta la muerte. Y resucitó. Ese es el amor que te sostiene hoy.

Ahora observa lo que hace Pablo: apila extremos. Muerte y vida. Lo presente y lo por venir. Lo alto y lo profundo. Ángeles, demonios, potestades invisibles. No deja ninguna grieta. No existe situación humana — ninguna — que quede fuera del alcance de ese amor. El momento más oscuro que has vivido, dentro del alcance. Lo que más temes, dentro del alcance. El error que crees que te alejó de Dios para siempre, todavía dentro del alcance.

Y hay algo aquí que no podemos pasar por alto. Esta promesa fue escrita para creyentes en Roma que enfrentaban persecución real. No era metáfora. Eran vidas en peligro. Pablo no prometió que el sufrimiento desaparecería. Prometió algo mayor: que el amor de Dios atraviesa el sufrimiento contigo — y no te suelta. No te suelta en el momento de la pérdida. No te suelta en el momento de la duda. No te suelta cuando ya no tienes fuerzas ni para orar bien. Ese amor sostiene.

Y los poderes invisibles — las fuerzas que a veces parecen implacables, la angustia que parece más grande que tú — ninguna de ellas es mayor que lo que Cristo conquistó en la resurrección. La resurrección no fue solo la victoria de Jesús. Fue la declaración de que el amor de Dios tiene autoridad sobre todo lo que se levanta contra ti.

Mi querido, esto no es teología para quedarse en la cabeza. Es verdad para ser declarada con la boca.

Entonces hoy, antes del desayuno, haz esto: pon la mano en el pecho. Siente tu corazón latiendo. Y di en voz alta — no para que Dios te escuche, Él ya lo sabe — sino para que tú mismo lo escuches: "Nada me separa del amor de Dios en Cristo." Y después, todavía con la mano en el pecho, di en voz alta el nombre de lo que más ha pesado en tu corazón. Solo el nombre. Y entrégaselo. Él aguanta el peso. Él te sostiene.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.