Día 338 · viernes, 4 de diciembre

Ya No Vivo Yo

"Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí."GÁLATAS 2:20

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Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 338, Ya No Vivo Yo.

"Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí." Gálatas 2:20.

Este es uno de los versículos más personales que Pablo escribió jamás. No está haciendo teología distante — está hablando de su propia vida, transformada de raíz por la cruz de Cristo.

Fíjate en la primera frase: "con Cristo estoy juntamente crucificado." No es solo que Cristo murió por Pablo — es que Pablo, de una manera real y espiritual, murió junto con él. La cruz deja de ser un acontecimiento lejano, allá en el pasado, y se convierte en el lugar donde el antiguo Pablo — el lleno de mérito propio, de orgullo religioso, de esfuerzo por justificarse a sí mismo — fue sepultado de manera definitiva.

Y entonces viene la declaración que atraviesa los siglos: "ya no vivo yo." Esto no borra a Pablo. Él sigue siendo él — con la misma historia, la misma personalidad, los mismos dones. Pero el centro cambió. Antes, vivía girando en torno a sí mismo, a sus propios logros, a su propia justicia. Ahora, el centro es otro.

¿Y cuál es ese centro? "Vive Cristo en mí." Detente y escucha esto de nuevo. No es solo que Cristo perdonó a Pablo a la distancia, como quien firma un documento y se va. Es presencia. Es morada. Cristo comenzó a vivir dentro de aquel que fue crucificado con él. Ese es el corazón del evangelio — no es solo un Dios que perdona desde lejos, es un Dios que viene a morar dentro de ti.

Pero fíjate — Pablo no se convierte en un fantasma flotando sin cuerpo. Dice: "lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe." Él sigue despertando cada mañana. Sigue trabajando, viajando, enfrentando persecución, cansancio, decisiones difíciles. La vida cotidiana continúa. Pero el motor detrás de todo eso ya no es el esfuerzo propio — es fe. Fe en alguien específico.

¿Y quién es ese alguien? "El Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí." Fíjate en el pronombre: "por mí". No es una doctrina genérica sobre un Dios que ama a la humanidad en general. Es personal. Pablo está diciendo: él tenía mi rostro en mente cuando subió a esa cruz. Y, mi querido, si eres suyo, él tenía tu rostro en mente también.

Eso cambia todo sobre cómo enfrentamos el día de hoy. ¿Cuántas veces reaccionas por impulso, decides con tu propia fuerza, intentas resolverlo todo tú solo — como si el antiguo yo todavía estuviera al mando? Pero la verdad es: ese yo ya fue crucificado. Y hay un Cristo vivo, presente, morando en ti, esperando ser la fuente de tu próxima decisión.

Entonces hoy quiero desafiarte: piensa en una decisión que va a aparecer hoy — una conversación, una reacción, una elección — que normalmente tomarías solo por tu impulso. Antes de actuar, entrégale esa decisión a Cristo en oración. Deja que la fe en él, no tu esfuerzo, guíe tu respuesta.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.