Día 337 · jueves, 3 de diciembre
"Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo."2 CORINTIOS 12:9
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 337, Gracia que Alcanza.
Quiero que escuches bien esto. Pablo — el apóstol, el hombre que plantó iglesias, que sobrevivió cárceles y naufragios — Pablo tenía una aflicción. Algo que le pedía a Dios que quitara. Y Dios le respondió. No con silencio. No con un manual de instrucciones. Le habló directamente, con el nombre de Pablo en la dirección: "Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo." Segunda de Corintios, capítulo doce, versículo nueve.
Fíjate en lo que Dios no dijo. No dijo "te voy a quitar eso." No dijo "aguanta un poco más." Dijo: mi gracia — te — basta. Y esa palabra en griego no significa apenas lo mínimo para sobrevivir. Lleva la idea de estar plenamente contenido, protegido, saciado. Como el que está adentro de la casa mientras afuera arrecia la tormenta — no apenas mojado por la lluvia, sino cubierto, resguardado, entero. La gracia de Cristo no rinde poco. Desborda justo donde más la necesitas.
Pero hay un giro aquí que no podemos pasar por alto. Dios dice: "mi poder se perfecciona en la debilidad." No a pesar de la debilidad — en la debilidad. El poder de Dios encuentra su expresión más plena no cuando somos capaces, sino cuando reconocemos que no lo somos. Piénsalo hoy. Tu limitación — esa cosa que no puedes resolver solo, ese lugar donde llegas al final de ti mismo — ese lugar no aleja a Cristo. Ese lugar lo invita a entrar.
Y Pablo lo entendió tan profundamente que no dijo "acepto mi debilidad con resignación." Dijo: de buena gana me gloriaré en ellas. Hay un gozo radical en soltar el control. No el gozo falso del que finge que todo está bien — el gozo real del que descubrió que Cristo es la fuerza que él no tiene. Cuando dejas de pretender que puedes con todo, abres espacio para que Él lo sea todo.
Y mira la imagen que usa Pablo al final: para que repose sobre mí el poder de Cristo. Repose. No que pase. No que visite. Que repose — como una sombra que cubre, como una presencia que desciende. ¿Recuerdas cuando el Espíritu bajó sobre Jesús en el Jordán? No vino de prisa. Vino para quedarse. Cristo no entra de paso en tu vida. Viene para habitar. Pero necesitas abrir las manos.
Entonces hoy, antes del desayuno, te invito a hacer una sola cosa. Identifica un área — tú sabes cuál es — donde has estado tratando de ser fuerte por tu cuenta. No en la fuerza de tu voluntad, no en el esfuerzo, no fingiendo que puedes. Y con las palmas de las manos abiertas, en voz alta, dile a Cristo: "Tu gracia me basta — descansa sobre mí aquí."
Rendirse a esto no es debilidad. Es fe.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.