Día 336 · miércoles, 2 de diciembre
"Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre."2 CORINTIOS 9:7
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 336, Dado con Gozo.
"Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre." 2 Corintios 9:7.
Pablo le escribe a una iglesia que ya había prometido una ofrenda para los hermanos necesitados en Jerusalén. Y en vez de simplemente exigir la cifra, se detiene a hablar del corazón detrás del dar. Porque para Dios, el "cuánto" nunca fue el punto principal. El punto principal siempre fue el "cómo".
Fíjate en la primera palabra: "propuso". No es una cifra impuesta desde afuera, no es una cuota que alguien calculó por ti. Es una decisión personal, tomada en el corazón, antes incluso de que la mano se mueva. Eso significa que dar de verdad comienza mucho antes del momento de entregar — comienza cuando eliges, a solas delante de Dios, lo que vas a hacer.
Y luego Pablo descarta dos posibilidades. La primera: "no con tristeza". ¿Alguna vez has dado algo así? Apretando los dientes, contando los días, sintiendo que pierdes algo precioso. Ese tipo de dar existe, y Dios ve la diferencia. La segunda posibilidad que descarta: "ni por necesidad". Dar solo porque alguien lo exigió, solo porque todos estaban mirando, solo porque la vergüenza te empujó. Eso no es fruto de un corazón libre — es fruto del miedo a ser juzgado.
Y entonces viene la frase que guarda todo el versículo: "Dios ama al dador alegre." La palabra usada aquí en el griego original es de donde viene nuestra palabra "hilarante". No es solo una sonrisa educada. Es un gozo genuino, casi contagioso, de quien da porque quiere, porque encontró placer en ello.
Eso cambia la pregunta que solemos hacer, ¿no es cierto? Solemos preguntar "¿cuánto debo dar?" — pero quizás la pregunta correcta sea "¿en qué estado está mi corazón cuando doy?". Porque se puede dar una fortuna con amargura, y se puede dar poco con un gozo que honra a Dios. Lo que Él está mirando es el corazón, no la planilla.
Quiero invitarte a pensar en esto: ¿existe alguna área de tu vida — tiempo, dinero, atención, palabras de ánimo — donde has estado dando por obligación, sin ningún gozo? Quizás sea hora de detenerte, orar, y decidir de nuevo, esta vez con el corazón libre.
Entonces hoy, quiero desafiarte: elige una forma concreta de dar algo — puede ser pequeño — y decide antes en tu corazón que será con alegría, no con peso.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.