Día 334 · lunes, 30 de noviembre

Allí Hay Libertad

"Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad."2 CORINTIOS 3:17

Escucha - el llamado de hoy en portugués, inglés o español

Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 334, Allí Hay Libertad.

"Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad." 2 Corintios 3:17.

Para entender bien este versículo, tenemos que retroceder un poco. Pablo acababa de contar la historia de Moisés bajando del monte Sinaí, con el rostro brillando tanto después de estar en la presencia de Dios que tuvo que cubrirse con un velo — porque el pueblo temía ese brillo, y porque ese brillo se iba desvaneciendo poco a poco. Pablo usa esa imagen para hablar de cómo era vivir bajo la ley antigua: una gloria real, pero que se desvanecía, y un velo que cubría el entendimiento de quien intentaba acercarse a Dios solo con reglas.

Y entonces, justo en medio de esa reflexión, suelta la frase que lo cambia todo: "el Señor es el Espíritu." Está diciendo que aquella presencia de Dios, tan distante, tan intensa que necesitaba un velo, tan reservada a un monte sagrado — esa misma presencia ahora habita, por el Espíritu, en quien cree. Ya no es un encuentro raro en la cima de una montaña. Es una cercanía constante, íntima, diaria.

"Y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad." Fíjate bien en lo que esa libertad no es. No es libertad para hacer lo que quieras, sin responsabilidad, sin cuidado por a quién lastimas. Eso no es libertad — es esclavitud disfrazada. La libertad de la que habla Pablo es otra: es la libertad de ya no tener que cumplir una lista de reglas para intentar merecer la aprobación de Dios. Es la libertad de acercarte a Él sin miedo, sin vergüenza, sin esconder el rostro.

Y eso me lleva a una pregunta bien directa: ¿existe algún miedo, alguna vergüenza, algo específico que has estado escondiendo incluso de Dios — como si pudieras esconderlo de quien ya lo sabe todo? Donde está el Espíritu, ese miedo pierde fuerza. Esa vergüenza que te hace bajar la cabeza, que te impide orar con sinceridad, que te hace mantener distancia — es removida, como aquel velo que cayó del rostro de Moisés.

Y lo que viene después es todavía más hermoso. El propio Pablo sigue diciendo que, con el rostro descubierto, somos transformados, de gloria en gloria, a la imagen del Señor. Es decir — la libertad no es el final de la historia. Es el comienzo de una transformación. No te acercas a Dios libre solo para quedarte libre — te acercas libre para ser cambiado, día tras día, más parecido a Él.

Entonces hoy, quiero invitarte a hacer algo simple pero valiente: identifica ese miedo o vergüenza específica — lo que te hace esconder el rostro de Dios, aun sabiendo que Él ya lo ve todo — y entrégaselo en oración. No mañana. Hoy. Quita el velo.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.