Día 332 · sábado, 28 de noviembre
"Alabad a Jehová, porque él es bueno; porque su misericordia es eterna."SALMOS 107:1
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 332, Dad Gracias.
Alabad a Jehová, porque él es bueno; porque su misericordia es eterna. Salmos 107:1.
Detente un momento en esas palabras. No las pases de largo. Alabad a Jehová — porque él es bueno. Porque su misericordia es eterna.
El salmista no comienza con una orden fría ni con una obligación religiosa. Comienza con una invitación cargada de calor. Hay alguien aquí que ya probó la bondad de Dios y no puede guardarlo para sí — y por eso te llama a ti también: ven, alaba, da gracias, porque hay razón más que suficiente para hacerlo.
¿Y cuál es esa razón? No es lo que Dios hizo ayer. No es lo que esperas que haga mañana. La razón es quién Él es. Él es bueno. Eso es distinto a decir que es poderoso. Un Dios poderoso sin bondad sería algo que te haría huir. Pero un Dios que es bueno — y que además tiene todo el poder — ese Dios es refugio. Ese Dios puedes llamar Padre.
Y el salmista va más hondo todavía: su misericordia es eterna. En hebreo, la palabra es hesed. No tiene traducción exacta al español. Es amor fiel. Es amor de pacto. Es el amor que no se rompe cuando tú te rompes, que no se enfría cuando te alejas, que no desaparece cuando fallas. Ese amor no sube ni baja según tu rendimiento de ayer ni de mañana. Dura — para siempre.
Y escucha — esto no es solo poesía hermosa guardada en un libro antiguo. Tiene un rostro. La bondad de Dios no es una idea abstracta. Se hizo carne. Se hizo historia. Cristo en la cruz es el argumento más contundente, más claro, más definitivo que existe: Dios es bueno, y su amor por ti no tiene fin. Cuando miras la cruz, puedes dudar de muchas cosas en la vida — pero no puedes dudar de esa prueba. Está ahí. Sólida. Eterna.
Ahora bien — la gratitud que nace de esto no es simplemente una lista de bendiciones que repasas cuando te sientes bien. Es algo más profundo. Es un corazón que se reorienta. Que deja de mirar solo lo que falta y empieza a ver a Quién está presente. Cuando recuerdas quién es Dios — bueno, fiel, inquebrantable — la ansiedad empieza a ceder. No porque los problemas hayan desaparecido. Sino porque recordaste quién es más grande que todos ellos. Y la confianza crece donde la gratitud echa raíces.
Entonces hoy — antes del desayuno, antes del teléfono, antes de que el día te alcance — haz esto: nombra en voz alta tres evidencias concretas de la bondad de Dios en tu vida. Una del pasado lejano — algo que Él hizo hace años y que todavía te sostiene hoy. Una de la última semana — algo reciente, grande o pequeño, que vino de su mano. Y una de este mismo día — algo de esta mañana, aunque parezca sencillo. Dilo en voz alta. No solo en tu mente. Deja que tu voz proclame lo que tu corazón necesita escuchar.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.