Día 331 · viernes, 27 de noviembre

Renovados por Él

"Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán."ISAÍAS 40:29-31

Escucha - el llamado de hoy en portugués, inglés o español

Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 331, Renovados por Él.

Isaías 40, versículos 29 al 31. Escucha esto:

"Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán."

Isaías 40:29-31.

Deja que eso repose un momento.

Porque Dios no abre este texto con una exigencia. No dice "esfuérzate más" ni "sé más fuerte". Empieza con algo mucho más profundo — un reconocimiento. Él ve el cansancio. El tuyo. Ese peso con el que despiertas, que nadie más nota, esa fatiga que va demasiado adentro para que el sueño la cure. Antes de cualquier promesa, hay un Padre que te mira y dice: lo sé. Te veo.

Y entonces el texto hace algo que se agradece — es honesto. "Los muchachos se fatigan. Los jóvenes flaquean y caen." No es debilidad admitirlo. Es la realidad de lo que somos. Toda fuerza que sale de nosotros mismos tiene un límite. Tiene un día en que se acaba. Y el versículo no dice eso para avergonzarte — lo dice para liberarte de la ilusión de que tienes que sostenerte solo.

Porque hay otra fuente. Y la puerta a esa fuente es una palabra: esperar. "Los que esperan a Jehová." Pero en hebreo, ese esperar no es quedarse paralizado. No es inactividad. La imagen que lleva esa palabra es la de un hilo que se entrelaza con fuerza alrededor de un ancla — envolverse, amarrarse, apoyarse con intención. Esperar en el Señor es un acto deliberado. Es elegir, temprano en la mañana, antes de que el día te tome por sorpresa, anclarte en Él.

Y entonces llega la imagen que lo cambia todo — las águilas. Pero fíjate bien: el profeta no habla de velocidad. Habla de altitud. El águila no aletea sin parar. Encuentra la corriente de aire caliente, se entrega a ella, y de repente está por encima de todo lo que antes la aplastaba. Eso es la fuerza de Dios. No es que corras más rápido — es que eres levantado por encima de lo que te agotaba.

Y esa corriente tiene nombre. Jesús dijo, y son sus palabras, no las mías: "Venid a mí, todos los que estáis trabajados." Él es la corriente térmica. Cada promesa de Isaías halla su cumplimiento en aquel que bajó hasta el fondo de nuestra debilidad, la cargó en la cruz, y resucitó con poder. No hay cansancio que Él no conozca. No hay carga que no pueda sostener.

Así que hoy — y este es el llamado — antes del desayuno, antes de mirar el teléfono, antes de dejar que el día entre con todo lo que trae, siéntate. Dos minutos. En silencio. Y dile al Señor una cosa específica — una, no diez — que te está agotando. Ponle nombre. Y luego entrégala. No intentes resolverla en ese momento. Entrégala. Pídele que Él sea tu fuerza para eso hoy. No mañana. Hoy.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.