Día 329 · miércoles, 25 de noviembre
"Porque el Señor no desecha para siempre; antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias."LAMENTACIONES 3:31-32
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 329, Él No Abandona.
Escucha estas palabras de Lamentaciones 3, versículos 31 y 32 — déjalas caer despacio sobre tu corazón:
"Porque el Señor no desecha para siempre; antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias."
Jeremías no escribió este versículo desde la comodidad. Lo escribió desde las ruinas de Jerusalén — la ciudad reducida a cenizas, el pueblo en el exilio, el templo destruido. Y desde ese lugar de quebranto, levanta la voz y declara: el Señor no desecha para siempre.
Necesito que lo escuches bien. Porque la vida tiene una manera de convencernos de lo contrario. Cuando el silencio de Dios se alarga demasiado, cuando el dolor no cede, cuando las oraciones parecen rebotar en el techo — el corazón empieza a sacar sus propias conclusiones. Que esta vez es diferente. Que esta vez, quizás, Dios se ha alejado definitivamente.
Pero la Palabra no le da pie a esa mentira. El silencio de Dios jamás es su última palabra.
Mira lo que hace Jeremías con el dolor: no lo niega. No lo minimiza. No dice "todo está bien" cuando no lo está. Pero lo coloca dentro de un marco más grande — dentro de la soberanía de un Dios que puede permitir la tristeza sin ser el enemigo de tu corazón.
Y entonces llega el giro del versículo — y es sorprendente. "Si bien aflige, también se compadece." El mismo Dios que permite la prueba es el Dios que extiende la mano de la misericordia. No son dos dioses distintos. Es el mismo. Y ese "si bien" — ese "si bien" lo cambia todo. La aflicción no es la escena final. Es el camino que atraviesa la misericordia.
¿Y de qué misericordia hablamos? El texto dice: la multitud de sus misericordias. En hebreo, esa expresión apunta a una abundancia que desborda toda escala humana. No puedes agotar la misericordia de Dios. No importa cuántas veces hayas fallado, cuántas veces hayas dudado, cuántas veces te hayas alejado — su misericordia es más grande.
Y si todavía necesitas una prueba, mira la cruz. Jesús ahí, abandonado, sufriendo — y ese fue el momento en que Dios más se acercó a la humanidad. Cuando estábamos más lejos, entregó a su propio Hijo. Eso es Lamentaciones hecho carne. Esa es la medida de la misericordia que el versículo anuncia.
Entonces, mi querido, hoy te invito a hacer una sola cosa. Antes del desayuno — antes de que entres en el ritmo del día — detente. Di en voz alta una área de tu vida donde has sentido el peso de la tristeza. No lo escondas. Nómbralo. Y luego declara, con la boca, con convicción: "Señor, creo que no me has abandonado para siempre." Hablar la fe no es fingir que el dolor no existe — es entrenar el corazón para creer lo que la Palabra ya ha garantizado.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.