Día 327 · lunes, 23 de noviembre
"Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré."LAMENTACIONES 3:24
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 327, Mi Porción.
Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré. Lamentaciones 3:24.
Deja que esa frase aterrice. No la pases rápido. El libro de Lamentaciones no es un libro de triunfos fáciles — es un libro de dolor real. Nace en medio de la destrucción de Jerusalén. Las calles, vacías. El templo, en ruinas. Un pueblo que perdió todo lo que creía que sostenía su vida. Y es exactamente ahí, en lo más hondo del pozo, donde esta voz emerge — no con respuestas sencillas, no con explicaciones listas — sino con una declaración: Jehová es mi porción.
La fe más honda no nace cuando todo va bien. Nace cuando ya no queda nada más.
Y fíjate en lo que el texto dice con precisión: dijo mi alma. No es un sentimiento que llegó de repente. Es una decisión. El alma herida del poeta elige — en medio de la ruina — decir la verdad sobre Dios. Eso es lo que la Escritura llama esperanza. No ingenuidad. No negación del dolor. Es una declaración hecha de rodillas, con los ojos abiertos a la realidad, y aun así señalando hacia Él.
Piensa ahora en lo que significa la palabra porción. En la herencia de Israel, la porción era lo que Dios le daba a cada tribu para vivir — la tierra, el sustento, la base de todo. Cuando alguien dice "Jehová es mi porción", está diciendo: Él no es un extra en mi vida. No es un suplemento que añado cuando necesito ayuda. Él es el suelo donde estoy parado. Él es el pan partido que me sostiene — el mismo Cristo que hoy se parte y se entrega por ti.
Y luego viene esa pequeña palabra que lo cambia todo: por tanto. Por tanto, en él esperaré. El poeta no espera porque la situación mejoró. Espera porque llegó a una conclusión teológica: Dios es suficiente. Y porque Dios es suficiente, la esperanza tiene sentido. Esta espera no es cruzarse de brazos y resignarse. Es confianza activa — mantenerse firme mientras Él actúa. Es un ancla que no cede ni cuando la tormenta se extiende por meses.
Hay días así, lo sé. Días en los que miras alrededor y lo único que parece haber quedado es Dios — y eso, extrañamente, parece poco. Pero el escritor de Lamentaciones descubrió algo que tú también puedes descubrir hoy: quien tiene a Dios tiene el manantial del que brotó todo bien que jamás existió. No es poco. Es la fuente de todo.
Y entonces, mi querido, llegamos al día de hoy. Antes del desayuno — antes de la primera notificación, antes de que empiece el ruido — detente un momento. De pie, de rodillas, como quieras. Y di en voz alta, con tus propias palabras, algo simple y sincero: que Jehová es tu porción hoy. No necesita ser elocuente. Necesita ser verdadero. Deja que tu alma elija la esperanza antes que cualquier otra cosa.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.