Día 322 · miércoles, 18 de noviembre

Acabar La Carrera

"Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios."HECHOS 20:24

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Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 322, Acabar La Carrera.

"Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios." Hechos 20:24.

Este es un discurso de despedida. Pablo está en Mileto, llamó a los ancianos de Éfeso para un último encuentro, y sabe — sabe de verdad — que quizás nunca más vuelva a ver esos rostros. Es el tipo de momento en que la gente suele decir lo que realmente importa, sin rodeos. Y eso es exactamente lo que Pablo hace aquí.

Dice: no estimo preciosa mi vida para mí mismo. Esto puede sonar duro a primera vista, casi como si no le diera importancia a vivir. Pero no es eso. Pablo amaba la vida — viajaba, escribía cartas llenas de afecto, se alegraba con los hermanos. Lo que dice es otra cosa: su vida no es el bien más precioso que protege a cualquier costo. Hay algo que pesa más.

Y lo que pesa más es acabar la carrera. Fíjate en esa imagen — carrera, no paseo. Una carrera tiene comienzo, tiene recorrido, tiene línea de meta. Y lo que importa no es correr bonito al principio; es llegar hasta el final. ¿Cuántas personas empiezan bien una tarea, un llamado, un matrimonio, una fe — y abandonan a mitad de camino, cuando aprieta el cansancio? Pablo está diciendo: yo no quiero ser así. Yo quiero cruzar la línea.

Y añade algo importante: "el ministerio que recibí del Señor Jesús". No fue Pablo quien inventó esa misión. Le fue dada. Y eso lo cambia todo — porque cuando entiendes que tu propósito vino de Dios, dejas de cargar solo el peso de justificar tu propia existencia. Solo necesitas ser fiel a lo que te fue confiado.

¿Y cuál es el objetivo final de todo esto? Dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios. No es conquistar fama, no es dejar un nombre grande, ni siquiera es sobrevivir con seguridad. Es señalar, con la propia vida, hacia la gracia que salva. Todo lo que Pablo enfrentaría después de esto — prisión, naufragio, juicio ante reyes — cobraba sentido porque servía a ese propósito más grande.

Quería preguntarte: ¿existe una misión que sientes que Dios te confió? Puede ser cuidar bien de tu familia. Puede ser un trabajo que parece pequeño pero que sabes que es tu llamado. Puede ser una palabra de esperanza que solo tú puedes dar a alguien específico. Sea lo que sea — ¿estás corriendo hacia la línea de meta, o ya te detuviste a mitad de camino?

Hoy quiero invitarte a hacer dos cosas. Primero, escribe en una sola frase cuál es esa misión que sientes que es tuya. Segundo, da un paso — por pequeño que sea — en dirección a acabar bien esa carrera hoy, no mañana.

La vida no es el trofeo que necesitas proteger a cualquier costo. Es la carrera que fuiste llamado a correr hasta el final.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.