Día 314 · martes, 10 de noviembre

Nada Nos Separa

"Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro."ROMANOS 8:38-39

Escucha - el llamado de hoy en portugués, inglés o español

Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 314, Nada Nos Separa.

Escúchame. Romanos 8, versículos 38 y 39:

"Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro."

Pablo no dice "espero que nada nos separe." Dice: estoy seguro. Eso es otra cosa. Eso no es un deseo ni una ilusión — es una convicción que nació en el fuego, en los golpes, en las noches largas donde todo parecía perdido. La certeza de Pablo no viene de él. Viene de la fidelidad de Dios revelada en Cristo.

Y necesitamos entender de dónde nace esa certeza, porque si no la entendemos, se nos escapa en los momentos difíciles. El amor de Dios no es una idea abstracta que suena bien en los domingos. Fue demostrado. En una cruz. En carne y hueso. Cristo entregó su vida por nosotros cuando todavía éramos pecadores — no cuando ya éramos mejores personas, no cuando ya lo merecíamos. Esa es la prueba definitiva. Si Dios hizo eso por nosotros cuando estábamos lejos, ¿qué va a hacer que se detenga ahora?

Por eso Pablo no deja ninguna puerta abierta. Va recorriendo el universo entero, una cosa a la vez, sin dejar escapatoria. La muerte — no puede. La vida, con todo su peso y su caos — no puede. Ángeles, potestades, fuerzas que no vemos — no pueden. Lo que ya pasó, lo que todavía no ha llegado — ninguno de los dos. Lo alto, lo profundo, todo lo que existe en la creación — nada. Pablo cierra todas las puertas al miedo, no porque sea ingenuo, sino porque conoce el tamaño del amor que lo sostiene.

Y fíjate en algo: la muerte encabeza la lista. Pero no como amenaza — como testigo. Porque Jesús murió y resucitó, la muerte ya no tiene la última palabra. Si ni ella puede separarte de Cristo, ¿qué más podría? La resurrección de Jesús es la garantía viviente de que este amor es más fuerte que lo peor que el mundo te puede ofrecer. Más fuerte que tu diagnóstico, que tu historia, que el error que crees que no tiene perdón.

Y todo esto — absolutamente todo — está anclado en una Persona. Pablo no dice "el amor de Dios en general." Dice: en Cristo Jesús, Señor nuestro. No es un sentimiento que sube y baja según cómo te va el día. Es una realidad fijada en Alguien que es el mismo ayer, hoy y por siempre. Tus emociones van a cambiar. Las circunstancias van a cambiar. Pero Él no cambia. Y el amor que está en Él no pasa.

Hoy, antes del desayuno, haz una sola cosa. Detente. Pon la mano en el pecho. Y di en voz alta — no en tu mente, en voz alta: "Nada puede separarme del amor de Dios en Cristo Jesús." Deja que tu propia voz lleve esa verdad a tu interior esta mañana. Porque necesitas escucharte decirlo. No como información — como declaración. Como alguien que sabe dónde está parado.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.