Día 308 · miércoles, 4 de noviembre
"Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento."LUCAS 15:7
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 308, Fiesta en el Cielo.
"Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento." Lucas 15:7.
Este versículo cierra la primera de tres parábolas que Jesús cuenta seguidas — la oveja perdida, la moneda perdida y el hijo pródigo. Tres historias, una sola verdad, repetida de formas distintas hasta que realmente cala. Porque hay verdades que solo aprendemos cuando las escuchamos otra vez, y otra vez, y otra vez.
La historia empieza así: un pastor tiene cien ovejas. Una se pierde. ¿Y qué hace él? Deja a las noventa y nueve en el campo y va tras la única que desapareció. Fíjate en esto — no se queda en casa esperando a que ella regrese sola. Se levanta y va a buscarla. Ese es el corazón de Dios que Jesús está revelando: un Dios que se mueve hacia quien está perdido, no un Dios que se queda quieto esperando.
Y cuando el pastor encuentra la oveja, no la reprende. La carga sobre sus hombros, lleno de gozo, y llama a los amigos para celebrar. Y aquí es donde Jesús suelta la frase que lo cambia todo: habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse.
Más gozo. No igual — más. Eso no significa que los noventa y nueve no importen. Jesús no está menospreciando a quienes nunca se apartaron; su fidelidad es real, es valiosa, es reconocida. Pero hay algo en el regreso de quien estaba perdido que toca el corazón de Dios de una manera única. Existe un gozo específico que solo nace cuando alguien que estaba lejos vuelve a casa.
Quiero preguntarte: ¿alguna vez sentiste esto? Quizás tú mismo estuviste lejos — de Dios, de la iglesia, de tu propia fe — y volviste. Si fue así, escucha bien: no volviste para ser tolerado. Volviste a una fiesta que ya se estaba preparando. El cielo no puso mala cara cuando volviste. El cielo celebró.
Y si no eres tú quien está lejos, quizás sea alguien que conoces. Un hijo, un amigo, un hermano que se apartó. Esta parábola te invita a ver a esa persona como el pastor ve a la oveja — no como un problema por resolver, sino como alguien cuyo regreso va a generar fiesta en el cielo.
Entonces hoy, quiero invitarte a hacer una de dos cosas. Si hay alguna área de tu vida todavía distante de Dios, da el paso de regreso ahora, sin vergüenza — la fiesta ya está preparada. Y si no, piensa en una persona específica que se ha alejado, y envíale un mensaje hoy. Simple, sin reproches, solo una invitación a volver.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.