Día 306 · lunes, 2 de noviembre
"Porque el Señor no desecha para siempre; antes bien, si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias."LAMENTACIONES 3:31-32
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 306, Él No Desecha.
"Porque el Señor no desecha para siempre; antes bien, si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias." Lamentaciones 3, versículos 31 y 32.
Quiero que dejes que esas palabras aterricen de verdad. Porque no vienen de un hombre que estaba cómodo. Vienen de alguien que vio Jerusalén caer en cenizas. Jeremías no estaba escribiendo desde la distancia segura de la teología — estaba parado sobre los escombros de todo lo que había amado. Y desde ese lugar, desde el fondo mismo, declaró esto: el Señor no desecha para siempre.
Eso no es negación. No es fe superficial. Es un ancla lanzada en medio del temporal.
Fíjate en lo que hace el versículo. No suaviza el sufrimiento — usa la palabra "aflige" sin eufemismos. No te pide que finjas que todo está bien. Pero hace una declaración que lo cambia todo: esto no es el capítulo final. Lo que a ti te parece eterno hoy — ese peso, esa espera, esa sensación de que Dios está lejos — tiene un límite en el calendario de Dios. El "para siempre" del dolor tiene un fin.
Y la promesa no es que Dios va a evitar toda tristeza. La promesa es más grande que eso. Es que su compasión es mayor que cualquier tristeza que Él permita. La multitud de sus misericordias es el contrapeso de todo lo que te pesa ahora. No de casi todo — de todo.
Y si aún te queda alguna duda, mira la cruz. Jesús clamó — desde lo alto de la cruz, clamó — "Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" Era el Hijo de Dios sintiendo el peso del abandono. Y Dios respondió. No con silencio — con resurrección. Lo que parecía abandono era, en realidad, redención. La cruz es el argumento definitivo de que Dios no desecha a los suyos.
Hay algo más que necesita asentarse. La palabra hebrea que el versículo usa para compasión no es una palabra fría, calculada. Lleva la imagen de las entrañas — un amor visceral, profundo, maternal. Como una madre que siente en su propio cuerpo el dolor de su hijo. Dios no se compadece desde lejos, con razón distante. Él siente contigo, de adentro hacia afuera. Y cuando se compadece, actúa.
Eso es lo que está escrito. No lo que yo estoy inventando — lo que está escrito. Y esta Palabra fue guardada a través de los siglos para llegar hasta ti, hoy, en este día específico, en este momento en que necesitas escuchar: Él no te ha rechazado. No te va a rechazar. El sufrimiento tiene plazo. El amor, no.
Entonces hoy, antes del desayuno, te invito a hacer una sola cosa. Toma este versículo y dilo en voz alta, con el pronombre en primera persona: "El Señor no me desecha para siempre." Dilo otra vez. Deja que tu propia voz le predique a tu propia alma esta mañana. Porque hay momentos en que el alma necesita escuchar la verdad con sus propios oídos, con su propia voz, para creer lo que ya sabe.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.