Día 303 · viernes, 30 de octubre

El Grito de la Cruz

"Y a la hora novena Jesús clamó a gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿lama sabactani? que traducido es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?"MARCOS 15:34

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Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 303, El Grito de la Cruz.

"Y a la hora novena Jesús clamó a gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿lama sabactani? que traducido es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" Marcos 15:34.

Este es, quizás, el versículo más difícil de todo el Evangelio. Y no quiero pasar rápido por él hoy.

Fíjate en la hora: las tres de la tarde. En el templo de Jerusalén, esa era exactamente la hora del sacrificio vespertino — el momento en que se ofrecían corderos en el altar por el perdón de los pecados del pueblo. Y mientras eso sucedía adentro, afuera de los muros, el verdadero Cordero de Dios estaba siendo ofrecido de una vez por todas. No es coincidencia. Es cumplimiento.

Y estas palabras que Jesús grita — "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" — no son un desahogo espontáneo de desesperación cualquiera. Abren el Salmo 22, un salmo que Jesús seguramente conocía de memoria. Incluso colgado en la cruz, herido, exhausto, asfixiándose, Él ora con las Escrituras. Esto ya nos enseña algo: incluso en el sufrimiento más profundo que un ser humano puede imaginar, la Palabra de Dios seguía en sus labios.

Pero no quiero suavizar el peso de estas palabras. Porque algo real estaba sucediendo ahí. En ese momento, el Hijo perfecto, que nunca pecó, estaba cargando el peso del pecado del mundo entero — tu pecado, el mío, el de toda la humanidad — y experimentando, de verdad, la separación que el pecado siempre causa entre nosotros y Dios. No fue actuación. No fue retórica. Fue la angustia genuina de sentir, por primera y única vez en la eternidad, lo que es estar separado del Padre.

¿Y por qué pasó por esto? Para que tú y yo nunca tuviéramos que sentir ese abandono para siempre. El grito de Jesús en la cruz es la razón por la que puedes acercarte a Dios con confianza, incluso en tus peores días. Él ya pagó el precio de la separación — para que la comunión fuera restaurada.

Ahora, aquí hay algo que lo cambia todo: el Salmo 22, que Jesús está citando, no termina en desesperación. Comienza ahí, pero termina en alabanza, en victoria, en la declaración de que todas las naciones se volverán al Señor. Cuando Jesús cita la primera línea de ese salmo en la cruz, también está apuntando, silenciosamente, hacia su final — hacia la certeza de que la resurrección vendría, de que la mañana del domingo estaba llegando.

Entonces, si hoy estás en una hora de silencio de Dios — si parece que tus oraciones chocan contra el techo, si sientes que Dios te ha dado la espalda — quiero invitarte a hacer algo específico. Toma el Salmo 22 completo y ora en voz alta, de principio a fin. Deja que te lleve de tu dolor real hacia la esperanza real. Jesús ya recorrió ese camino antes que tú, y llegó al otro lado.

El grito de abandono no fue la palabra final. La resurrección lo fue.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.

01

LA HORA NOVENA

Las tres de la tarde — la hora del sacrificio vespertino en el templo. Mientras se ofrecían corderos allí, el verdadero Cordero de Dios estaba siendo entregado en la cruz.

02

UN SALMO EN LA BOCA

Estas palabras abren el Salmo 22. Jesús no improvisa desesperación — ora con las Escrituras, incluso en el sufrimiento más profundo.

03

EL PESO DEL PECADO

En este momento, el Hijo perfecto carga el pecado del mundo y experimenta, de verdad, la separación que el pecado siempre causa entre nosotros y Dios.

04

REAL, NO REPRESENTADO

Este grito no es retórico. Es la angustia genuina de Jesús sintiendo, por primera y única vez, el abandono del Padre — para que nosotros nunca tuviéramos que sentirlo eternamente.

05

EL SALMO NO TERMINA AHÍ

El Salmo 22 comienza en desesperación, pero termina en alabanza y victoria. Al citar el comienzo, Jesús también apunta al final — la certeza de que la resurrección vendría.

06

LLEVA TU DOLOR A DIOS

Actúa: hoy, si estás en una hora de abandono o silencio de Dios, ora el Salmo 22 de principio a fin, en voz alta — deja que te lleve del dolor a la esperanza.

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