Día 300 · martes, 27 de octubre
"Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré. Buena es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca."LAMENTACIONES 3:24-25
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 300, El Señor Es Suficiente.
Escucha estas palabras. Déjalas llegar:
"Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré. Buena es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca." Lamentaciones 3, versículos 24 y 25.
Necesito que sepas dónde fueron escritas estas palabras. No en un templo lleno de adoradores. No en un día de fiesta. Fueron escritas en las ruinas. Jerusalén destruida. El pueblo arrancado de su tierra, llevado al exilio. Jeremías estaba sentado entre los escombros — y fue allí, en ese silencio cargado de pérdida, donde abrió la boca y dijo: Jehová es mi porción.
Esto no es poesía de quien lo tiene todo. Es la fe de quien lo ha perdido casi todo — y ha descubierto que todavía tiene lo que importa.
Piensa en lo que significaba la porción en Israel. No era solo dinero. Era tierra. Era identidad. Era lo que aseguraba el futuro de tu familia, generación tras generación. Declarar que el propio Señor es tu porción es decir algo radical: Él no es un recurso al que acudo cuando me hace falta. Él es todo lo que necesito. Cuando Dios es tu porción, ninguna otra pérdida es definitiva. Nada de lo que pierdes aquí abajo te quita lo que tienes en Él.
Y entonces viene esa pequeña palabra que carga un peso enorme: por tanto. Por tanto, en él esperaré. Jeremías no espera porque la situación mejoró — espera porque Dios no ha cambiado. El "por tanto" conecta lo que él posee con lo que él decide. La posesión viene primero: Él es mi porción. La postura viene después: por tanto, en él esperaré. La esperanza cristiana no es optimismo. No es fingir que todo está bien. Es la decisión firme de confiar en Quien está por encima de las circunstancias — incluso cuando las circunstancias gritan lo contrario.
Y el versículo 25 llega como una promesa concreta, como una viga que sostiene el techo: Jehová es bueno a los que en él esperan, al alma que le busca. Esperar no es cruzarse de brazos. Esperar es fe activa — es la negativa a actuar como si Dios te hubiera olvidado. Jesús nos mostró el rostro de ese Padre — es el padre que ve al hijo todavía de lejos y corre a su encuentro. Ese es el Dios que tú estás esperando.
Y buscarle no es ritual. No es actuación. Es el movimiento natural del alma que ya sabe dónde está su porción. En Cristo, el camino hasta el Padre está abierto. No hay barrera, no hay intermediario que lo bloquee. Cada mañana es una invitación — y Él ya tiene sus ojos puestos en ti antes de que te despiertes.
Entonces hoy, haz esto: antes del desayuno esta mañana, detente. Solo dos minutos. Pon la mano en el pecho — así, sobre el corazón — y di en voz alta: "Jehová es mi porción. Por tanto, en él esperaré hoy." No lo susurres. Dilo. Deja que tu propia voz escuche esa declaración. Empieza el día desde ese fundamento — no desde lo que todavía te falta, sino desde Quien ya posees.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.