Día 300 · martes, 27 de octubre

Él Reprende la Tormenta

"Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza."MARCOS 4:39

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Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 300, Él Reprende la Tormenta.

"Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza." Marcos 4:39.

Antes de llegar a este versículo, fíjate en la escena completa. Jesús y los discípulos están cruzando el mar de Galilea de noche, y se levanta una tormenta violenta — tan fuerte que las olas ya estaban llenando la barca de agua. ¿Y dónde está Jesús mientras tanto? Durmiendo. En la popa, con la cabeza en una almohada, durmiendo profundamente mientras la barca casi se hunde. Esto no es indiferencia — es una paz que no depende de lo que está pasando alrededor. Una paz que viene de otro lugar, de adentro, de quién es Él.

Mientras tanto, los discípulos están en pánico total. Y fíjate qué interesante: varios de ellos eran pescadores experimentados, gente que conocía ese mar como la palma de su mano. Si pescadores curtidos estaban aterrados, es porque la tormenta era real, y su miedo tenía todo el sentido. Quiero que retengas esto: tener miedo en una tormenta de verdad no es automáticamente falta de fe. Es ser humano.

Despiertan a Jesús gritando: "Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?" Y Jesús se levanta — y no hace una oración pidiendo que la tormenta pare. Reprende al viento. Ordena al mar: "Calla, enmudece." Palabras de mando directo, de quien tiene autoridad sobre la creación misma. Ningún profeta, ningún hombre santo, le habla así al viento y al mar. Solo quien creó el viento y el mar puede ordenar de esta manera — y ser obedecido al instante.

Y eso es lo que sucede: cesó el viento, y se hizo grande bonanza. No una calma gradual. Instantánea. Completa. La misma voz que trajo orden al caos en la creación — "y dijo Dios: sea la luz" — es la voz que le habla al mar de Galilea, dos mil años después, y el mar obedece al momento.

Pero necesito decirte algo que me toca profundamente en este relato: las mismas palabras que Jesús dirige al mar, las dirige a los corazones inquietos. "Calla, enmudece." La tormenta de afuera — en tu vida, en tu trabajo, en tu familia — y la tormenta de adentro, en tu pecho, obedecen a la misma voz. Si Él tiene autoridad para callar al viento, tiene autoridad sobre lo que te está ahogando ahora.

Y Jesús termina preguntando a los discípulos: "¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?" No es acusación. Es invitación. Una invitación a confiar más en su presencia en la barca que en la fuerza de la tormenta alrededor.

Entonces hoy, mi querido, quiero que nombres en voz alta la tormenta que estás enfrentando ahora — sea cual sea. Y digas: "Jesús, confío en que tienes autoridad sobre esto." Y des un paso de fe en esa dirección hoy, por pequeño que sea. Él está en la barca contigo. Y no duerme por indiferencia — duerme porque ya sabe cómo termina la historia.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.