Día 299 · lunes, 26 de octubre

Permanece y Fructifica

"Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer."JUAN 15:5

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Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 299, Permanece y Fructifica.

Escucha bien estas palabras de Jesús. Déjalas asentarse:

"Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer." Juan 15:5.

Presta atención a lo que Jesús no dice. No dice que señala a la vid. No dice que la conoce, o que enseña sobre ella. Dice: Yo soy la vid. Toda la savia. Toda la vida. Toda la fuerza — brota de una sola fuente, y esa fuente es Él mismo. No es una doctrina. Es una persona. Es Jesús.

Y tú — tú eres el pámpano.

Necesito que entiendas lo que eso realmente significa. Un pámpano no se despierta por la mañana y decide producir uvas por fuerza de voluntad. Un pámpano no hace esfuerzo para ser fructífero. Un pámpano simplemente permanece conectado a la vid — y la vida fluye. Eso es todo. Tu identidad en Cristo no es un logro que tienes que sostener con tus propias manos. Es un regalo. Un regalo que recibes, día tras día, con solo no soltar.

Entonces, ¿qué es permanecer? Permanecer no es una actuación religiosa. No es la lista de cosas que tienes que hacer para impresionar a Dios. Permanecer es mantener el corazón vuelto hacia Jesús — en la oración, en la Palabra, en la confianza que le ofreces cuando la mañana todavía está fría y el día aún no ha comenzado. Como un pámpano que, por más que el viento sople, simplemente no suelta la vid.

Y cuando permaneces así — Jesús promete mucho fruto. No poco. No suficiente. Mucho fruto. Pero fíjate en el origen de ese fruto: no nace de tu empeño. Nace del fluir de la gracia de Dios a través de ti. Tú no fabricas el fruto — lo recibes, porque estás conectado a aquel que es la fuente de toda vida.

Y entonces Jesús dice: separados de mí, nada podéis hacer. Sé que esa frase puede sonar pesada. Pero quiero que la escuches de una manera diferente hoy — no como amenaza, sino como liberación. No tienes que cargar el peso de producir resultados tú solo. No tienes que ser suficiente. Tu responsabilidad es permanecer. La producción — esa es obra de Él. Qué alivio, mi querido. Qué alivio tan grande.

Así que hoy — antes del desayuno — haz esto: piensa en algo que sueles enfrentar con tu propio esfuerzo. Puede ser el trabajo, una conversación difícil, una tarea que te pesa. Y entrégaselo a Jesús en voz alta. Dile, con palabras reales: "Jesús, esto es mío, pero hoy quiero que sea Tuyo. Sé la fuerza detrás de esto." Es simple. Es concreto. Y es exactamente lo que significa quedarse en la vid.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.