Día 298 · domingo, 25 de octubre
"Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados."MATEO 26:26-28
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 298, Esto Es Mi Cuerpo.
"Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados." Mateo 26, versículos 26 al 28.
Esta es la última noche. Jesús sabe exactamente lo que va a pasar en las próximas horas — la traición, el arresto, el juicio, la cruz. Y mira lo que elige hacer con el tiempo que le queda: no da un discurso de despedida lleno de instrucciones complicadas. Instituye una comida. Algo sencillo, algo que los discípulos harán una y otra vez, por el resto de sus vidas, para recordarlo.
Esta cena era la Pascua judía — una tradición de más de mil años, celebrando la liberación de Egipto. Todo judío piadoso conocía ese pan, esa copa, esa liturgia de memoria. Y es justo en ese momento familiar donde Jesús hace algo completamente nuevo. Toma el pan que siempre había significado una cosa, y dice algo que nunca antes se había dicho: "esto es mi cuerpo". Se está colocando en el centro mismo de la historia de la salvación de Israel.
Y luego viene la copa. "Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados." Fíjate en la palabra derramada. No es una sangre guardada, escondida, preservada. Es derramada, a propósito, entregada. La muerte de Jesús no fue un accidente trágico que Dios después intentó arreglar. Fue un acto de entrega deliberada — Él sabía, Él eligió, Él ofreció.
Y Jesús no se detiene en "acuérdense de mí". Dice que esa sangre es "para remisión de los pecados". Eso lo cambia todo. La cena no es solo un recuerdo emocional de alguien a quien amamos y perdimos. Es una señal de un perdón real, ya conquistado, ya pagado, ya sellado en la cruz. Cuando participas de esta cena, no estás solo recordando un hecho histórico — estás recibiendo, de nuevo, la certeza de que tus pecados fueron cubiertos.
Y hay un detalle que siempre me conmueve: "bebed de ella todos". Todos. Judas estaba sentado a esa mesa. Jesús sabía de la traición que vendría en pocas horas, y aun así extendió el pan y la copa también para él. La oferta de Cristo llega antes de que sepamos si la vamos a recibir bien, antes de merecerla, antes de estar listos. Eso es gracia pura.
Entonces hoy quiero invitarte a algo sencillo, pero profundo. En tu próxima comida, antes del primer bocado, detente un instante. Solo un instante. Y agradece a Jesús en voz alta por el cuerpo y la sangre que entregó por ti. No tiene que ser una ceremonia. Tiene que ser verdad.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.