Día 297 · sábado, 24 de octubre

Él No Desecha Para Siempre

"Porque el Señor no desecha para siempre; antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias."LAMENTACIONES 3:31-32

Escucha - el llamado de hoy en portugués, inglés o español

Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 297, Él No Desecha Para Siempre.

Escucha bien esta palabra. Déjala aterrizar.

"Porque el Señor no desecha para siempre; antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias." Lamentaciones 3, versículos 31 y 32.

Jeremías no escribió esto desde un lugar cómodo. Lo escribió desde las ruinas. Jerusalén había sido destruida. Su pueblo estaba en cautiverio. Y él estaba en el fondo del pozo — no como figura retórica, sino de verdad. Y fue desde ahí, desde el lugar más oscuro, que encontró una verdad que sostuvo su alma. No una ilusión. No un escape. Un ancla.

El Señor no desecha para siempre.

Piensa en el peso de esas palabras: "para siempre." Si fuera para siempre, sería el veredicto más cruel que existe. Sería el fin de toda esperanza. Pero Dios rehúsa esa sentencia. Lo que parece una puerta cerrada definitivamente — esa relación, esa situación, ese silencio que se siente eterno — todavía está al alcance de la misericordia divina. Todavía no ha terminado. Dios no ha dicho aún su última palabra.

Y fíjate bien: el versículo no pretende que el dolor no existe. Dice con toda claridad — "si aflige." Dios no es ingenuo ante tu dolor. No aparta la mirada. Te mira de frente, reconoce el peso que cargas, y aun así avanza hacia ti con compasión. Esto no es religión de apariencias. Es amor verdadero — el tipo que no huye cuando la situación se pone difícil.

Y esa compasión no llega en cuentagotas. El texto dice "según la multitud de sus misericordias." No es una misericordia pequeña, medida, racionada. Es una misericordia que desborda. Y esto es lo que me conmueve: cuanto mayor es tu necesidad hoy, más espacio hay para que ese amor se derrame en tu vida. La profundidad de tu valle no limita la altura del amor de Dios — la crea. Le abre espacio.

Y la prueba mayor de todo esto está en la Cruz. Ahí es donde Dios hizo permanente su negativa a rechazar. Jesús clamó desde la cruz — "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" — y cargó el abandono real, verdadero, para que ningún hijo de Dios tenga que cargarlo para siempre. Su resurrección es la respuesta de Dios a ese grito. Es el "no para siempre" tomando forma, tomando carne, tomando gloria. Si Dios no desechó al Hijo en la muerte, puedes estar seguro: no te va a desechar a ti en tu dolor.

Entonces hoy, mi querido, antes del desayuno — antes de abrir el teléfono, antes de comenzar el día — toma un papel o un cuaderno. Escribe esta frase: "Él no me desecha para siempre." Déjala ahí, delante de tus ojos. Y debajo de ella, escribe una situación difícil — esa que pesa, esa que has estado cargando solo — y entrégala hoy en las manos de Dios, en oración. No como un ritual. Como un acto de fe. Un hijo que abre las manos y confía en el Padre.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.