Día 293 · martes, 20 de octubre

El Modelo de Oración

"Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén."MATEO 6:9-13

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Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 293, El Modelo de Oración.

"Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal." Mateo 6:9-13.

Los discípulos le pidieron a Jesús: enséñanos a orar. Y es fascinante lo que Él hace en respuesta — no da una teoría complicada sobre la oración. Da un modelo. Sencillo, corto, lleno de significado en cada frase. Y la primera palabra ya lo cambia todo: Padre.

No "Señor distante". No "Juez que observa desde lejos". Padre. Jesús abre la puerta a una relación íntima, familiar, segura — antes de cualquier petición, existe una relación. Y eso cambia el tono de toda la oración que viene después. No estás suplicando a un extraño. Estás hablando con alguien que te ama.

Y fíjate en el orden de las cosas. Antes de pedir algo para sí mismo, Jesús enseña a santificar el nombre de Dios. "Santificado sea tu nombre." La oración correcta comienza con adoración, no con una lista de necesidades urgentes. Es honrar quién es Dios antes de correr hacia lo que tú necesitas.

Luego viene algo que desafía nuestro instinto natural: "venga tu reino, hágase tu voluntad." Antes de pedir algo para tu propio día, Jesús enseña a someter tus planes al gobierno de Dios. Esto es lo opuesto a como normalmente oramos — solemos correr directo a nuestras peticiones. Jesús dice: espera. Primero, alinea tu corazón con su reino.

Solo entonces viene la petición práctica: "el pan nuestro de cada día, dánoslo hoy." Fíjate — hoy. No el año entero guardado en el congelador de la confianza. Dios invita a una dependencia diaria, renovada cada mañana, no a una acumulación ansiosa que intenta asegurar el mañana por cuenta propia.

Y entonces llega la parte que más duele, muchas veces: "perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores." Jesús ata estas dos cosas a propósito. No es coincidencia, no es accidente de traducción. Quien recibe el perdón de Dios es llamado a repartir ese mismo perdón. No puedes pedirle a Dios algo que te niegas a dar a tu hermano.

Mi querido, este modelo no es una fórmula mágica para memorizar y repetir sin pensar. Es un mapa para el corazón. Así que hoy quiero invitarte: reza el Padre Nuestro despacio, en la mañana, frase por frase, dejando que cada una aterrice antes de pasar a la siguiente. Y cuando llegues a la parte del perdón, detente. Piensa en una persona específica a quien todavía no has perdonado de verdad. Y elige perdonarla, ahí mismo, antes de terminar la oración.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.