Día 279 · martes, 6 de octubre
"Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo."SALMOS 27:4
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 279, Una Sola Cosa.
"Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo." Salmos 27:4.
Detente un momento con esas palabras.
David no tenía una vida tranquila. Gobernaba un reino. Lideraba ejércitos. Cargaba alegrías que pocos conocieron y dolores que pocos habrían soportado. Su vida estaba llena — llena de responsabilidad, de ruido, de voces exigiendo su tiempo y su atención. Y sin embargo, en medio de todo eso, redujo el deseo más profundo de su corazón a una sola dirección. Una sola cosa. Solo una.
Cuando todo compite por nuestra atención — y hoy todo compite — el coraje de decir "una sola cosa" es en sí mismo un acto de fe. Es declarar que hay algo más real, más permanente, más necesario que todo lo que clama por nosotros.
¿Y cuál es esa cosa? Habitar. No visitar. No aparecer de vez en cuando, en los momentos de crisis o cuando hay tiempo libre. Habitar — todos los días de la vida. Hay una diferencia enorme entre pasar por Dios y vivir en él. El mismo Jesús nos llamó a permanecer, a quedarnos, a enraizar nuestra vida dentro de la suya. Y David ya lo sabía, siglos antes: el corazón humano no fue hecho para visitas — fue hecho para morar.
¿Y qué se encuentra allí adentro? La hermosura del Señor. Qué palabra tan rica. No es una tarea que cumplir, no es una obligación que tachar de una lista. Es una mirada prolongada. Una admiración quieta. Cristo es la plena revelación de esa hermosura — gracia y verdad, misericordia y poder, reunidos en una sola persona. Y cuando nos detenemos a verlo de verdad, algo sucede en nosotros. Somos transformados por lo que vemos. No por nuestro esfuerzo — por el contacto con él.
Y junto a la contemplación viene el inquirir. El salmista no solo admira — también pregunta. Lleva al templo lo que no entiende, lo que le preocupa, lo que todavía no tiene respuesta. Es la postura de quien reconoce: yo no lo tengo todo resuelto, pero sé adónde ir. La hermosura y la sabiduría caminan juntas en la presencia de Dios. El lugar donde vemos la gloria de Cristo es el mismo lugar donde encontramos guía para cada decisión que enfrentamos.
Y entonces viene la frase que lo transforma todo: todos los días de mi vida. No solo en los días fáciles. No solo cuando la vida aprieta. To-do-s los días. Es esa continuidad — esa fidelidad tranquila, día tras día — la que forma el carácter, profundiza la fe y nos mantiene enraizados cuando cambian los vientos. Y siempre cambian.
Así que hoy, antes del desayuno, haz esto: dile a Dios en voz alta — solo una frase, con sinceridad — que él es tu una sola cosa hoy. No una oración elaborada. Una frase real. Y luego quédate en silencio dos minutos. No hagas nada más. Solo contempla quién es él. Deja que su hermosura se pose sobre ti.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.