Día 276 · sábado, 3 de octubre
"Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones."JOEL 2:28
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 276, Sobre Toda Carne.
Escucha esta promesa con atención:
"Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones." Joel 2, versículo 28.
Para entender la fuerza de esta promesa, necesitas recordar lo que viene antes. Joel acababa de describir una nación devastada — langostas devorándolo todo, sequía, cosecha perdida, un pueblo de rodillas. Y es justo después de esa escena de ruina que Dios dice: "después de esto." No en lugar del dolor, sino después de él. Eso ya es un consuelo enorme: la esperanza de Dios no ignora lo que atravesaste — llega justo después, como un nuevo capítulo.
Y mira lo que Él promete: "derramaré mi Espíritu." No es una sensación pasajera, no es solo un alivio emocional. Es el propio Espíritu de Dios — su presencia viva — siendo derramada sobre las personas. Dios no está enviando un mensajero. Viene a habitar dentro de nosotros.
Pero fíjate en el alcance de esta promesa: "sobre toda carne." No es solo sobre los sacerdotes que ya tenían acceso al templo. No es solo sobre los profetas escogidos. Es sobre todos. Y luego Joel detalla quiénes son esos "todos": hijos e hijas — es decir, los jóvenes, que en la cultura de la época casi nunca tenían voz espiritual. Ancianos, que soñarán sueños. Jóvenes, que verán visiones. Hombres y mujeres. Ya no existe una clase especial de gente que escucha a Dios y otra que solo observa desde lejos.
Esta promesa quedó guardada, esperando, por siglos. Y entonces, el día de Pentecostés, el apóstol Pedro se levanta ante una multitud en Jerusalén y dice, con toda certeza: esto es lo que fue dicho por el profeta Joel. Lo que era solo palabra escrita se convirtió en fuego, en viento, en lenguas de personas comunes proclamando las maravillas de Dios. La promesa antigua no se quedó en el papel — sucedió, de verdad, en la vida de gente real.
Y aquí está lo que quiero que te lleves hoy: esta promesa no terminó en Pentecostés. Sigue abierta para ti. No necesitas ser pastor, no necesitas un título, no necesitas una edad específica ni una posición destacada. Dios quiere derramar su Espíritu sobre ti — hoy, ahora, en la vida sencilla que llevas.
Entonces, antes de salir corriendo a las tareas del día, quiero invitarte a separar cinco minutitos en silencio. No tiene que ser elaborado. Solo dile a Dios: "Lléname de nuevo con tu Espíritu para lo que este día me va a pedir." Así de simple. Y luego, ve a vivir el día esperando que Él realmente se va a mostrar presente.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.