Día 268 · viernes, 25 de septiembre
"Y toda alma viviente que nadare por dondequiera que entraren estos dos ríos, vivirá; y habrá muchísimos peces por haber entrado allá estas aguas, y recibirán sanidad; y vivirá todo lo que entrare en este río."EZEQUIEL 47:9
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 268, Todo Vivirá.
"Y toda alma viviente que nadare por dondequiera que entraren estos dos ríos, vivirá; y habrá muchísimos peces por haber entrado allá estas aguas, y recibirán sanidad; y vivirá todo lo que entrare en este río." Ezequiel 47:9.
Esta es, sin exagerar, una de las imágenes más hermosas de toda la Biblia. Ezequiel tiene una visión de un templo restaurado, y de repente ve algo extraño: un hilo de agua saliendo debajo del altar. Solo eso — un hilito de agua. Pero conforme sigue ese hilo, capítulo tras capítulo, el agua va creciendo. Primero llega a los tobillos. Después a las rodillas. Después a la cintura. Y finalmente se convierte en un río tan profundo que nadie puede cruzarlo caminando — solo nadando.
Fíjate de dónde nace el agua: debajo del altar. Del propio lugar de la presencia de Dios. Esta vida no viene de ningún otro lugar más que del mismo Dios. No es un agua cualquiera que pasa cerca del templo — es un agua que brota de adentro de Él.
Y donde esta agua llega, transforma todo. "Muchísimos peces" — no es una vidita modesta que sobrevive apenas. Es abundancia. Es exageración. Donde el agua de Dios toca, la vida explota mucho más allá de lo que cualquiera esperaría.
Pero el detalle más impresionante viene después: este río fluye hasta el Mar Muerto. Y si conoces un poco de geografía bíblica, sabes que el Mar Muerto es exactamente eso — muerto. Tan salado que nada puede vivir ahí. Es el símbolo perfecto de un lugar estéril, árido, sin esperanza de vida. ¿Y qué dice el texto? Que el agua del río llega hasta allá y sana el agua salada. Transforma el mar muerto en agua dulce, llena de vida.
¿Entiendes lo que esto significa? No existe un lugar tan salado, tan árido, tan muerto en tu vida que la vida de Dios no pueda alcanzar y transformar. Esa relación que parece imposible de restaurar. Ese sueño que ya enterraste. Esa área de tu alma que juraste que nunca más tendría esperanza. El río de Dios llega hasta allá.
Y la promesa se repite, casi como un estribillo: todo vivirá donde fluya el río. Todo. No una parte. No lo que sea conveniente. Todo.
Jesús se apropió de esta misma imagen siglos después, cuando le dijo a la mujer en el pozo que quien bebiera del agua que él da nunca más tendría sed — porque esa agua se convertiría en él en una fuente que salta para vida eterna. El río de Ezequiel encuentra su cumplimiento en Cristo. Él es el agua viva. Él es quien transforma lo que estaba muerto en algo que vive de verdad.
Entonces hoy, quiero invitarte a hacer algo simple pero profundo. Piensa en un área de tu vida que hoy se siente salada — infructuosa, seca, sin vida. Puede ser una relación, puede ser un sueño, puede ser tu propia fe, que a veces se siente como en un desierto. Y ora, pidiendo que el agua viva de Cristo fluya exactamente hacia allá. No hacia el lugar más fácil. Hacia el lugar más salado.
Porque donde el río de Dios fluya, todo vivirá.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.