Día 268 · viernes, 25 de septiembre

Nada Me Faltará

"Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará."SALMOS 23:1-2

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Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 268, Nada Me Faltará.

Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Salmos 23, versículos 1 y 2.

Detente un momento en esa palabra: mi pastor. No un pastor. Mi pastor. David no estaba hablando de una idea abstracta, de un Dios distante que observa al rebaño desde lejos sin conocer a ninguno por nombre. Estaba hablando de una relación. Personal. Cercana. Como quien dice: Yo conozco a este Pastor — y Él me conoce a mí. Conoce mi nombre. Conoce mi historia. Conoce los miedos que cargo en silencio y los sueños que todavía no he soltado. Dios no cuida a un rebaño lejano. Te cuida a ti.

Y es por eso que la promesa que sigue tiene tanto peso. Nada me faltará. No es una promesa de riqueza — no la confundas con eso. Es una promesa de suficiencia. Es el Pastor diciendo: mientras estés conmigo, lo que verdaderamente necesites, va a estar ahí. Quizás el panorama alrededor parezca escaso hoy. Quizás la economía aprieta, la salud preocupa, el futuro se ve incierto. Pero quien tiene al Señor como pastor descubre — a veces despacio, a veces con asombro — que lo esencial siempre aparece. Siempre. Porque el Pastor provee.

En lugares de delicados pastos me hará descansar. Fíjate en esto: es el pastor quien elige el lugar. La oveja no tiene que salir a buscar sola dónde descansar, dónde alimentarse, dónde recuperar fuerzas. Tú no tienes que cargar con ese peso de encontrarlo todo por tu propia cuenta. Dios prepara espacios de renovación que jamás encontrarías sin Él. Lugares que ni sabías que necesitabas hasta que llegas.

Y luego viene esta imagen tan hermosa: aguas de reposo. ¿Sabes por qué el pastor lleva a las ovejas a aguas tranquilas, y no a torrentes agitados? Porque la oveja no bebe en la corriente desbocada. La agitación aleja. El ruido del mundo, las prisas, la urgencia constante de todo — eso no nutre el alma. El Buen Pastor nos conduce a otro ritmo. El ritmo de la gracia. Y esa paz no es ausencia de problemas — es presencia de Cristo. Él es el agua tranquila.

Y el verbo del Salmo está en presente. Me guía — no me guió. Jesús, que dio su vida por las ovejas, está vivo. Está activo. Está conduciendo cada paso tuyo hoy — no ayer, no mañana: hoy. No estás caminando solo por este día. El Pastor va adelante.

Entonces hoy, antes del desayuno, antes de abrir el teléfono, antes de dejar que el mundo entre — siéntate. Dos minutos. En silencio. Y di en voz alta, con tu propia boca: El Señor es mi pastor — hoy confío en él. Deja que esa verdad se asiente antes de que comience el día. No como rutina vacía. Como declaración de alguien que sabe en quién confía.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.