Día 267 · jueves, 24 de septiembre

La Tierra Resplandece

"y he aquí la gloria del Dios de Israel, que venía del oriente; y su sonido era como el sonido de muchas aguas, y la tierra resplandecía a causa de su gloria."EZEQUIEL 43:2

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Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 267, La Tierra Resplandece.

"Y he aquí la gloria del Dios de Israel, que venía del oriente; y su sonido era como el sonido de muchas aguas, y la tierra resplandecía a causa de su gloria." Ezequiel 43:2.

Para entender la fuerza de esta escena, hay que retroceder algunos capítulos. Atrás, en Ezequiel 10, el profeta tuvo una visión terrible: vio la gloria del Señor abandonando el templo, saliendo despacio, subiendo por la puerta oriental, dejando el lugar por causa del pecado persistente del pueblo. Fue una de las escenas más tristes de toda la Biblia — Dios retirando su presencia del lugar que Él mismo había elegido para habitar.

Pero ahora, aquí en Ezequiel 43, la historia da un giro. Y fíjate por dónde regresa la gloria: por el oriente. Por el mismo camino por donde había salido. Dios no elige una nueva entrada, un nuevo modo, una ruta alterna. Regresa exactamente por el lugar donde la presencia se había ido, como diciendo: no olvidé este lugar. No desistí de mi pueblo. Vuelvo.

Y la manera en que vuelve es imposible de ignorar. "Su sonido era como el sonido de muchas aguas." No es un susurro discreto, no es una presencia silenciosa que pasa desapercibida. Es un sonido grande, imponente, como una corriente poderosa que se acerca. Cuando Dios decide revelarse, no entra por la puerta trasera. Llega con peso, con sonido, con una presencia que nadie puede confundir con otra cosa.

Y entonces toda la tierra brilla. No solo el templo — la tierra resplandecía a causa de su gloria. Esto es importante: la presencia de Dios, cuando es plena, nunca queda contenida en un único espacio sagrado. Se desborda. Alcanza más allá de los límites que imaginamos.

Esta escena no es solo un relato histórico del antiguo Israel. Cuenta tu historia también. Porque la narrativa entera de la Biblia — del Edén al desierto, del tabernáculo al templo, y finalmente hasta Jesús, el Emanuel, Dios con nosotros — es la historia de un Dios que insiste en habitar con su pueblo, aun cuando ese pueblo falla, aun cuando la presencia tiene que retirarse por un tiempo a causa del pecado. Dios siempre vuelve. Siempre.

Entonces, déjame preguntarte: ¿alguna vez has sentido, en alguna temporada de tu vida, que la presencia de Dios parecía lejana? Quizás pasaste por un tiempo de sequía espiritual, de silencio, de sentir que Dios no estaba tan cerca como antes. Si ese es tu caso hoy, mira esta escena con atención: la gloria siempre regresa. No porque tú la merecieras de vuelta, sino porque ese es el corazón de Dios — Él no desiste de habitar contigo.

Hoy, antes de comenzar tus tareas, quiero invitarte a detenerte un instante — solo un instante — y pedirle a Dios que su gloria llene tu día. No como espectador que solo observa desde lejos. Como alguien que abre la puerta y dice: entra. Habita aquí. Hoy.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.