Día 265 · martes, 22 de septiembre

La Paz que Gobierna

"Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos."COLOSENSES 3:15

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Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 265, La Paz que Gobierna.

Colosenses 3:15. Escúchalo con el corazón abierto:

"Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos."

Qué versículo. Pablo no está describiendo algo lejano — está hablando de algo vivo, de algo que puede gobernar tu día desde ahora mismo.

Necesito que entiendas esto: la paz de la que habla Pablo no es la paz que ofrece el mundo. El mundo te dice que la paz llega cuando desaparecen los problemas, cuando todo está bajo control, cuando la vida finalmente se calma. Pero Pablo habla de algo completamente distinto. Habla de la paz de Cristo — una presencia activa, una realidad que no depende de lo que ocurre afuera. Viene de adentro. Viene de una Persona que vive en ti.

Y Pablo usa una palabra poderosa: "gobierne." En el griego original, esa palabra viene del árbitro — el que decide, el que tiene la última palabra. Pablo está diciendo: deja que la paz de Cristo arbitre tus decisiones. Cuando estás ante una elección y esa paz desaparece de tu pecho, presta atención. Es una señal. Y cuando avanzas en algo y la paz permanece firme dentro de ti, puedes seguir con confianza — el árbitro ha aprobado.

¿Y dónde gobierna esa paz? En el corazón. En la Biblia, el corazón no es solo el lugar de las emociones — es el centro de la voluntad, del pensamiento, de la identidad. Dios no quiere solo regular lo que haces por fuera. Quiere habitar donde todo comienza. En el lugar donde decides quién eres, cómo vas a reaccionar, qué vas a priorizar.

Y hay algo aquí que no podemos ignorar: esta paz no es solo tuya. Pablo dice "en un solo cuerpo." Fuimos llamados a esta paz juntos. La paz de Cristo no nos aisla — nos une. Porque el mismo Cristo que habita en ti, habita en tu hermano, en tu hermana. Y cuando esa paz gobierna cada corazón, construye algo que el mundo no puede fabricar: comunidad verdadera, unidad que no depende de que todos seamos iguales, sino de que todos venimos del mismo Señor.

Entonces Pablo cierra con tres palabras que parecen sencillas y tienen un peso enorme: "y sed agradecidos." No es un detalle al final. Es el suelo. Es donde la paz de Cristo echa raíces y florece. Un corazón agradecido no tiene espacio libre para que la ansiedad entre a instalarse. No tiene rincones donde el resentimiento pueda crecer. La gratitud no es ingenuidad — es una decisión. Es un acto de fe. Es decirle a Dios: "Veo lo que has hecho, y elijo comenzar desde ahí."

Entonces aquí está lo que te invito a hacer — antes del desayuno, hoy mismo. Toma un papel, tu teléfono, lo que tengas a mano. Escribe tres cosas por las que eres genuinamente agradecido. Una relacionada con alguien en tu vida. Una relacionada con tu pasado — algo que Dios ya hizo por ti. Y una relacionada con este día que está comenzando — aunque parezca un día ordinario. Luego, en voz alta, entrega esa lista a Dios. Háblale. Y después deja que su paz arbitre todo lo que viene.

Esto no es un ejercicio de motivación personal. Es plantar la semilla correcta en el suelo correcto — y dejar que la paz de Cristo gobierne.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.