Día 263 · domingo, 20 de septiembre
"Pero fiel es el Señor, que os afirmará y guardará del mal."2 TESALONICENSES 3:3
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 263, Él Es Fiel.
Pero fiel es el Señor, que os afirmará y guardará del mal. Segunda de Tesalonicenses, capítulo tres, versículo tres.
Quédate un momento con esa palabra. Fiel es el Señor.
Pablo escribe esto en medio de una comunidad que estaba siendo sacudida. Había personas que fallaban, dudas que crecían, circunstancias que no tenían sentido. Y es justo ahí, en ese momento de fragilidad, donde él elige esta palabra: pero. Pero fiel es el Señor. Ese "pero" no es una concesión. No es el "pero" de alguien que intenta convencerse a sí mismo. Es un ancla. Es Pablo diciendo: todo lo demás puede moverse, pero hay algo que no se mueve. Y ese algo es el carácter de Dios.
La fidelidad de Dios no comenzó contigo. No nació el día en que tú creíste, no depende de cómo te sientes esta mañana. Atraviesa toda la Escritura — desde el pacto con Abraham, que Dios sostuvo a través de generaciones y promesas imposibles, hasta la mañana de la resurrección, cuando el Hijo salió del sepulcro y la fidelidad del Padre quedó expuesta ante todo el mundo. Dios nunca abandona lo que empezó. Esa es la historia de principio a fin.
¿Y qué hace Él contigo dentro de esa fidelidad? Dos cosas, en este versículo. Te afirma — y la palabra significa dar base firme, fijarte en tierra sólida. Cristo no solo camina a tu lado como un compañero amable. Él te planta. Te arraiga de tal manera que cuando el viento llega — y el viento llega — no puedes ser arrancado. No porque tú seas fuerte. Sino porque Él es firme. La estabilidad que necesitas no surge de ti. Desciende de Él, llega como regalo.
Y lo segundo: te guarda del mal. Esto no es una promesa de que la oposición desaparecerá. Pablo conocía la oposición mejor que nadie. Pero sí es la garantía de que ninguna fuerza, ninguna voz de acusación, ninguna presión del mundo puede separarte del amor de Dios. Cristo ya venció. Tú no estás peleando por una victoria. Estás viviendo dentro de una victoria que ya fue ganada.
Entonces cuando la situación se siente demasiado frágil — cuando miras alrededor y no encuentras salida, cuando estás agotado de calcular cómo va a resolverse todo — es justo ahí donde este versículo fue escrito. No para cuando todo va bien. Para cuando todo parece derrumbarse. La fidelidad de Dios no depende de que tus circunstancias sean favorables. Existe precisamente donde las circunstancias fallan.
Y hoy hay una sola cosa que hacer. Una sola. Antes del desayuno, antes de abrir el teléfono y ver todo lo que el día te va a exigir — detente. Piensa en una preocupación que has cargado esta semana. Algo que no puedes soltar, que regresa cada vez que intentas descansar. Dilo en voz alta, con tu boca: Señor, tú eres fiel. Y luego, en tres frases cortas, entrega esa situación a Dios. No tiene que ser elocuente. Tiene que ser verdadero. Declara — y descansa.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.