Día 252 · miércoles, 9 de septiembre
"Tú, siervo mío Jacob, no temas, dice Jehová, porque yo estoy contigo; porque destruiré a todas las naciones entre las cuales te he dispersado; pero a ti no te destruiré del todo, sino que te castigaré con justicia; de ninguna manera te dejaré sin castigo."JEREMÍAS 46:28
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 252, Disciplinado, No Destruido.
"Tú, siervo mío Jacob, no temas, dice Jehová, porque yo estoy contigo; porque destruiré a todas las naciones entre las cuales te he dispersado; pero a ti no te destruiré del todo, sino que te castigaré con justicia; de ninguna manera te dejaré sin castigo." Jeremías 46:28.
Este versículo está justo en medio de una larga secuencia de oráculos contra naciones — Egipto, Filistea, Moab, Amón, y sigue la lista. Dios hablando juicio sobre juicio, nación tras nación. Y de repente, en medio de todo esto, Él se detiene, cambia de tono, y le habla directamente a su propio pueblo: "no temas, siervo mío Jacob."
Fíjate en la diferencia. Para las naciones, Dios promete un fin completo — destrucción total, sin medias tintas. Pero para Jacob, la promesa es otra: "a ti no te destruiré del todo." Incluso en juicio, incluso en disciplina, había un límite que Dios mismo establecía para proteger a su pueblo de la aniquilación.
Esto no significa que Israel escaparía sin castigo. Mira lo que viene después: "te castigaré con justicia." Dios no estaba fingiendo que el pecado de su pueblo no importaba. Iba a corregir, iba a confrontar, iba a traer consecuencias. Pero fíjate en la palabra: castigar con justicia. No destruir. Hay una diferencia enorme entre las dos cosas, y es esa diferencia la que sostiene toda la esperanza de este versículo.
La disciplina existe porque hay relación. No disciplinas a quien no te importa. Un padre no pierde tiempo corrigiendo al hijo del vecino — corrige a su propio hijo, porque lo ama, porque quiere lo mejor para él, porque tiene un futuro en mente para ese niño. Eso era lo que Dios le estaba diciendo a Jacob: la disciplina que vendría no era abandono. Era prueba de que el pacto seguía en pie.
Y hay una frase más que no quiero que pases por alto: "de ninguna manera te dejaré sin castigo" junto con "con justicia". Dios midió la disciplina. Sería justa — ni mayor ni menor de lo necesario. Él no actúa por rabia descontrolada; actúa con propósito, con medida, con el objetivo final de restaurar, no de aniquilar.
¿Existe alguna área de tu vida, hoy, en la que sientes el peso de la disciplina de Dios? Quizás una consecuencia que estás enfrentando, una corrección que duele, un proceso que parece durar demasiado. Quiero invitarte a mirarlo con otros ojos: esa disciplina no es señal de que Dios se dio por vencido contigo. Es señal de que Él todavía está contigo, todavía te llama siervo, todavía tiene un futuro reservado para ti después de la corrección.
Entonces hoy, identifica esa área. Y, en lugar de solo soportar la disciplina, agradece por ella — porque es prueba de que no has sido abandonado.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.