Día 251 · martes, 8 de septiembre
"Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias."COLOSENSES 2:6-7
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 251, Arraigados en Él.
Colosenses 2, versículos 6 y 7. Escucha bien:
"Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias."
Pablo no empieza con una exigencia. Empieza con un hecho. Ya recibiste al Señor Jesucristo. Ese es el punto de partida — no un vacío, no una aspiración lejana, sino una entrega que ya ocurrió. Algo concreto. Algo que lo cambió todo. Y desde ahí, Pablo se planta firme y dice: entonces ahora, vive de esa misma manera.
Andad en él. La misma fe que abrió la puerta es la misma fe que sostiene cada paso que das hoy. No hay dos versiones del evangelio: una para el momento de la conversión y otra para el lunes por la mañana cuando todo pesa. Es el mismo Señor. La misma gracia. El mismo camino — desde el primer día hasta el último.
Y entonces Pablo usa una imagen que quiero que lleves contigo hoy: arraigados. Piensa en un árbol. Las raíces no se ven. Nadie las nota al pasar. Pero ahí está la vida — escondida, profunda, firme. Y cuando llega el viento — y el viento siempre llega — no es el momento de salir a buscar raíces. Es el momento de descubrir que ya están ahí. Que Cristo, el Señor que ya recibiste, ya te está sosteniendo por dentro, en lugares que quizás todavía no has notado.
Pero Pablo no se queda en las raíces. Habla de ser edificado. Y edificar es diferente a simplemente resistir. Edificar es crecer con estructura, es tener el carácter moldeado — no acumular datos sobre la fe, sino ser transformado por ella, día tras día, hasta que empieces a parecerte más a Cristo que a quien eras antes. La fe que tienes no es para guardarla. Es para construir sobre ella. Cada día es una capa más.
Y el fruto de todo esto — de estar arraigado, de estar siendo edificado, de andar en él — Pablo dice que es gratitud que desborda. No gratitud de apariencia. No ese "gracias a Dios" dicho por costumbre. Sino una gratitud que nace desde adentro porque te detuviste, miraste, y viste lo que Cristo ya hizo. Esa gratitud no es la meta de la fe madura — es la evidencia de que las raíces están sanas. Cuando de verdad estás arraigado en él, no puedes quedarte callado ante todo lo que ya hizo por ti.
Y es justo ahí donde te invito a actuar hoy. Antes del desayuno — antes de abrir el teléfono, antes de lanzarte al día — toma papel y lápiz. Escribe tres cosas por las que estás agradecido a Cristo hoy. No cosas genéricas. Sé específico. El nombre de alguien. Una puerta que él abrió. Un momento en que sentiste que estaba ahí. Y luego díselo en voz alta, a él: "Gracias, Señor." Deja que salga de la boca. Deja que sea real.
Porque la gratitud dicha en voz alta es raíz que se profundiza.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.