Día 249 · domingo, 6 de septiembre

La Palabra No Se Quema

"Cuando Jehudí había leído tres o cuatro planas, lo rasgó el rey con un cortaplumas de escriba, y lo echó en el fuego que había en el brasero, hasta que todo el rollo se consumió sobre el fuego que en el brasero había."JEREMÍAS 36:23

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Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 249, La Palabra No Se Quema.

"Cuando Jehudí había leído tres o cuatro planas, lo rasgó el rey con un cortaplumas de escriba, y lo echó en el fuego que había en el brasero, hasta que todo el rollo se consumió sobre el fuego que en el brasero había." Jeremías 36:23.

Esta escena es una de las más impactantes de todo el libro de Jeremías. Dios le había ordenado al profeta dictar, palabra por palabra, todo lo que había hablado durante años — cada advertencia, cada llamado al arrepentimiento, cada invitación al pueblo para volver. Baruc lo escribió todo con cuidado, columna tras columna, en un solo rollo. Y ese rollo llega hasta el rey Joacim.

Y mira bien la escena: Jehudí lee tres o cuatro planas. El rey escucha. Y entonces, con un cortaplumas de escriba, corta exactamente esa parte que acaba de leerse — y la echa al fuego del brasero que lo calentaba. Y manda continuar. Jehudí lee otro fragmento. El rey corta de nuevo. Lo echa al fuego de nuevo. Hasta que todo el rollo se vuelve ceniza.

Fíjate que esto no es un estallido de furia repentina. Es calculado. Es metódico. Es frío. El rey no rasga todo de una vez en un ataque de rabia — procesa la palabra de Dios pedazo por pedazo y la destruye pedazo por pedazo, con total control. Y el texto se toma la molestia de registrar: ni él, ni los consejeros a su alrededor, se asustaron. Nadie rasgó sus propios vestidos, como se esperaría ante una palabra tan seria. Silencio. Indiferencia. Cálculo.

Mi querido, esto me hace pensar en cuántas veces hacemos una versión más sutil de lo mismo. No tomamos un cortaplumas literal, claro. Pero cuántas veces leemos una parte de la Palabra que incomoda, que confronta, que pide cambio — y simplemente decidimos no continuar. Cortamos el fragmento difícil de la lectura. Nos saltamos el capítulo que habla de algo que no queremos enfrentar. Cerramos el tema antes de que llegue demasiado cerca del corazón.

Pero aquí está la parte más poderosa de esta historia: el fuego no ganó. Poco después de este episodio, Dios le ordena a Jeremías escribirlo todo de nuevo. Y no solo repetir palabra por palabra — Dios añade aún más palabras al segundo rollo. El rey quemó el pergamino, pero no logró quemar la palabra de Dios. Fue escrita de nuevo, más grande que antes.

Esta es una verdad que atraviesa toda la historia: puedes ignorar la Palabra, puedes cortar el fragmento que incomoda, puedes incluso intentar destruir lo que se dijo — pero la palabra de Dios siempre encuentra un camino de regreso. No depende del papel donde está escrita. Está viva.

Así que hoy quiero desafiarte a hacer lo opuesto de lo que hizo Joacim. Elige una parte de la Palabra que has estado evitando — tal vez porque incomoda, tal vez porque confronta un área que preferirías dejar tranquila. Y léela entera hoy. Sin cortar ningún fragmento por incomodidad.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.