Día 247 · viernes, 4 de septiembre
"El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo."FILIPENSES 1:6
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 247, Él va a completar.
Escucha bien estas palabras. Deja que aterricen:
"El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo." Filipenses 1:6.
Pablo escribió esto desde una prisión. No desde un podio, no desde un momento de triunfo — desde una celda. Y aun así, la certeza que desborda de estas palabras es inquebrantable. No porque Pablo fuera fuerte. Sino porque sabía en quién había creído.
Fíjate en cómo llama Pablo a tu vida: una buena obra. No un proyecto tuyo. No un intento tuyo. Una obra de Dios. Tú no te inventaste a ti mismo. Tú no te plantaste. Alguien que sabe exactamente lo que hace puso su mano en tu vida y dijo: esto aquí, esto vale. Y comenzó.
Y quien comenzó — ese es el punto — también carga con la responsabilidad de terminar. Dios no abandona lo que empezó. No es de su naturaleza dejar algo a medias. El verbo que Pablo usa en el griego apunta a un acabado perfecto — completo, sin piezas faltantes. Dios no hace borradores. Hace obras maestras. Y tú eres una de ellas. Todavía en proceso, sí — pero en las manos correctas.
Hay un plazo en esta promesa: hasta el día de Jesucristo. Y ese plazo no depende de ti. No depende de tu desempeño, de tu constancia, de tus altibajos. La historia que Dios está escribiendo en ti durará tanto como Él mismo dura. Y Él dura para siempre.
Sé que hay días en que la fe se siente demasiado delgada. En que miras hacia adentro y no encuentras mucho que admirar. En que el peso que cargas parece demasiado para tus hombros. Y en esos días la tentación es aferrarse más fuerte, esforzarse más, demostrar que no vas a caer. Pero la promesa del versículo no es: agárrate fuerte. La promesa es: Él te sostiene. El ancla no está en tu desempeño. Está en el carácter de Dios — y el carácter de Dios no oscila.
Entonces hoy, antes del desayuno, haz esto: toma un papel — o el bloc de notas del celular — y escribe un área de tu vida en la que has intentado cargar el peso solo. Solo una. Puede ser una relación. Un miedo sobre el futuro. Una lucha que no puedes vencer con tus propias fuerzas. Escribe qué es. Y luego, en voz alta, devuélvesela a Dios en dos frases — declarando que Él es quien comenzó, y que Él es quien completa. No una oración larga. Dos frases. Sencillas. Verdaderas. Suelta el peso.
No necesitas terminar lo que Dios comenzó. Solo necesitas confiar en que Él lo va a terminar.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.