Día 246 · jueves, 3 de septiembre

Un Plazo Marcado

"Toda esta tierra será puesta en ruinas y en espanto; y servirán estas naciones al rey de Babilonia setenta años."JEREMÍAS 25:11

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Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 246, Un Plazo Marcado.

"Toda esta tierra será puesta en ruinas y en espanto; y servirán estas naciones al rey de Babilonia setenta años." Jeremías 25:11.

Este versículo llega después de más de veinte años de Jeremías predicando arrepentimiento a un pueblo que no quería escuchar. No fue un juicio repentino. Fue la paciencia de Dios, año tras año, siendo ignorada — hasta que la sentencia finalmente llegó. Y fíjate: incluso dentro del juicio, Dios no deja el dolor abierto. Él da un número. Setenta años. No "para siempre". No "hasta cuando yo decida sin avisar". Un plazo.

Eso cambia todo en la forma en que entendemos la disciplina, ¿no es cierto? Cuando Dios permite consecuencia, cuando permite que la cosecha amarga de la desobediencia llegue, Él no está abandonando a su pueblo. Todavía ahí, está marcando un final. La ruina tendría fecha para comenzar y fecha para terminar.

Y lo más hermoso es lo que pasa después, en el libro de Daniel. Décadas más tarde, Daniel está leyendo los rollos de Jeremías en el exilio, y encuentra exactamente ese número — setenta años — y usa eso para orar. Él no inventó una esperanza vaga. Se aferró a una promesa concreta que Dios ya había escrito antes incluso de que comenzara el sufrimiento, y la convirtió en el combustible de su oración.

Mi querido, quizás estés en una espera que parece no tener fin. Un problema de salud que se arrastra, una restauración familiar que aún no llega, una temporada financiera demasiado ajustada. Y la tentación es pensar que Dios se olvidó del reloj, que esta historia no tiene ningún plazo. Pero el Dios que marcó setenta años antes de la caída de Jerusalén es el mismo Dios que ya sabe, ahora mismo, exactamente cuándo terminará tu noche.

Eso no significa que la espera sea fácil. No lo es. Jerusalén fue realmente destruida; el pueblo fue realmente llevado cautivo. Dios no estaba fingiendo que el dolor no existía. Pero Él estaba, desde el principio, escribiendo el final de la historia junto al comienzo de ella.

Entonces hoy, quiero invitarte a hacer lo que hizo Daniel: ir a buscar, en la Palabra, una promesa concreta para tu espera — y orar sobre ella, con nombre propio, en vez de solo esperar en el vacío.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.