Día 242 · domingo, 30 de agosto
"¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas? Así también, ¿podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal?"JEREMÍAS 13:23
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 242, Piel y Manchas.
"¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas? Así también, ¿podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal?" Jeremías 13:23.
Dios hace dos preguntas, una tras otra, y ambas tienen la misma respuesta obvia: no. El etíope no cambia el color de su propia piel. El leopardo no cambia sus propias manchas. No es falta de esfuerzo — es imposibilidad de naturaleza. Dios no está jugando con metáforas sueltas aquí. Está preparando el terreno para una verdad difícil de tragar.
Y la verdad es esta: "¿podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal?" Fíjate en la palabra habituados. No es un pecado cometido una vez, en un momento de debilidad. Es un camino trillado, repetido, entrenado — tan constante que ya no parece elección. Se volvió costumbre. Se volvió segunda naturaleza.
Es aterrador pensar en esto, ¿no es cierto? Porque todos tenemos áreas así. Una forma de reaccionar con enojo que ya es automática. Un patrón de mentira pequeña que sale antes de pensar. Una manera de huir, de evitar, de protegerse que ya ni siquiera pasa por el filtro de la conciencia — simplemente sucede. Y cuando alguien intenta mostrártelo, la primera reacción es defenderte: "así soy yo". Solo que "así soy yo" es exactamente el problema que Jeremías está exponiendo.
Pero presta atención a algo importante: este versículo no es una sentencia de desesperación. Es lo contrario. Es el punto exacto donde la gracia de Dios se vuelve necesaria — y por eso, poderosa. Si tú pudieras cambiar solo tus patrones más arraigados, no necesitarías un Salvador. Solo necesitarías más fuerza de voluntad. Pero Dios está diciendo, con toda claridad: solo, no puedes. Y es exactamente ahí donde Él entra.
Más adelante, todavía en Jeremías, Dios promete un corazón nuevo, un corazón de carne en lugar del corazón de piedra. Él no te pide que arranques tus propias manchas con tus propias uñas. Él promete transformar la piel por dentro. Eso no es fuerza de voluntad — es obra de Dios.
Entonces hoy quiero invitarte a una honestidad que duele un poco. ¿Qué hábito, qué patrón de pecado ya se ha vuelto tan costumbre en tu vida que casi ni notas que está ahí? No es para que te ahogues en culpa. Es para que lo nombres con claridad delante de Dios — y pidas, específicamente, un corazón nuevo en esa área. No pidas solo fuerza para resistir una vez. Pide transformación de raíz.
El etíope no cambia su propia piel. El leopardo no cambia sus propias manchas. Pero Dios cambia corazones. Y eso es lo que quiere hacer en el tuyo, hoy.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.