Día 237 · martes, 25 de agosto
"El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel;"ISAÍAS 61:1
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 237, Ungido Para Libertar.
"El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel;" Isaías 61:1.
Este es uno de los versículos más importantes de toda la Biblia — no porque sea hermoso, aunque lo es, sino porque un día, siglos después de que Isaías escribiera estas palabras, alguien entró en una sinagoga, tomó el rollo de este mismo libro, leyó este mismo texto en voz alta, enrolló el rollo de nuevo, se sentó y dijo: "hoy se ha cumplido esta escritura que acaban de escuchar." Ese alguien era Jesús. Y, con una sola frase, dijo: soy yo. Ese ungido del que hablaba Isaías soy yo.
Fíjate cómo empieza el versículo: "el Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí." No es una misión que el profeta inventó. No es un proyecto personal. Es el Espíritu de Dios que desciende, que unge, que capacita. Y el propósito de esa unción no es abstracto — es concreto, práctico, dirigido a personas reales en situaciones reales.
Buenas nuevas a los abatidos. No a los que ya tienen todo resuelto. A los abatidos — a los que sienten carencia, a los que no tienen reserva, a los que saben que necesitan ayuda de afuera. Si te sientes así hoy, esta palabra es para ti, primero.
Vendar a los quebrantados de corazón. La palabra sugiere un vendaje, algo hecho con cuidado, despacio, con las manos correctas. Dios no ignora el corazón partido — se acerca a él para tratarlo.
Publicar libertad a los cautivos, apertura de la cárcel a los presos. Quizás tú no estés detrás de rejas, pero hay prisiones que no tienen barrotes visibles — un hábito que te aprisiona, un miedo antiguo, una culpa que cargas hace años. Jesús vino a anunciar libertad también para eso.
Y lo más impresionante es que Jesús no leyó ese texto como historia antigua. Lo leyó como su propia misión, allí, en ese instante. Miró a las personas en la sinagoga — abatidas, quebrantadas, presas de distintas maneras — y dijo: hoy. No algún día. Hoy.
Entonces quiero preguntarte: ¿existe un área de tu vida donde te sientes abatido, quebrantado o preso? No lo escondas de Dios. Nómbralo delante de Él, con tus propias palabras, y recibe la verdad de que Jesús vino exactamente para ese lugar — no para el lugar donde ya estás bien, sino para el lugar donde más lo necesitas.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.