Día 234 · sábado, 22 de agosto
"Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia, y su verdad por todas las generaciones."SALMOS 100:5
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 234, Amor que No Cesa.
"Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia, y su verdad por todas las generaciones." Salmos 100:5.
No pases por encima de eso. El salmista no está haciendo un cumplido religioso — está declarando la realidad más firme que existe: Jehová es bueno. No fue bueno ayer solamente. No lo será mañana nada más. Es bueno — ahora, siempre, por naturaleza propia. Su bondad no sube ni baja según cómo vaya tu semana. No depende de si tus circunstancias están bien o están mal. Es lo que Él es — constante, activo, siempre orientado hacia ti.
Y esa misericordia que es para siempre — en hebreo, hesed — no es un sentimiento pasajero. Hesed es amor de pacto. Es el amor que hace una promesa y la sostiene aunque cueste todo. Y sabemos cuánto costó. Porque siglos antes de Belén, el salmista ya cantaba sobre esa bondad — y luego Dios la hizo carne. Entregó a su propio Hijo. No como demostración de fuerza — como prueba definitiva de carácter. Si todavía tienes alguna duda de si Dios es bueno contigo, mira la cruz. Mira al Hijo que no fue eximido. Ese amor resistió la muerte — y va a resistir todo lo que aún te queda por delante.
¿Y la fidelidad? Por todas las generaciones. Piénsalo bien. Cada promesa que Dios cumplió para Abraham, para Moisés, para David — cada una de ellas es un eslabón en una cadena que llega hasta ti hoy. Él no cambia de carácter a mitad del camino. Lo que fue para ellos, lo es para ti. Su trayectoria no miente.
Entonces cuando el día que tienes por delante pesa — y hay días que pesan de verdad, eso es real — la bondad de Dios no es un consuelo vago, de esos que se dicen pero no se sienten. Es suelo firme. Es tierra bajo tus pies. No estás entrando en un día desconocido. Estás pisando sobre su fidelidad. Cada paso que des hoy, lo das sobre la bondad de un Dios que ya ha demostrado quién es.
Ahora — no dejes que esto se quede bonito solo en la cabeza. Antes del desayuno hoy, haz una cosa: di en voz alta — en voz alta de verdad — una forma concreta en que viste la bondad de Dios la semana pasada. No de manera general. Específica. Un nombre, una situación, un momento preciso. Y luego agradécele con esas palabras, por su nombre, con gratitud real. Que tu propia voz escuche tu fe. Esto no es un ejercicio religioso — es tú plantando los pies en el suelo firme que ya está ahí.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.